La Organización Mundial de Salud (OMS) consideró al suicidio, en el 2019, como la cuarta causa de muerte entre las personas de 15 a 19 años, mientras que los especialistas han mencionado que este tema se tiene que abordar como un problema social, que demanda la intervención de todo un grupo interdisciplinario.
Recientemente, la delegación en Chiapas de la Cruz Roja Mexicana informó que en este 2021, un promedio de 76 personas se quitaron la vida.
Esto pudo ser el caso de Paola, quien estuvo a punto de formar parte de las estadísticas, sin embargo, una intervención oportuna en la Clínica de Emergencias Mentales para Adolescentes (EMA) fue parte clave para que ella se recuperara de las lesiones que se había provocado en su cuerpo.
“Lo que pasó fue que estaba en un momento de mi vida muy difícil, para mí era algo muy complicado de sobrellevar (...), sentía que no valía la pena el seguir con mi vida, que la única solución era el terminar con el dolor que estaba sintiendo y comencé a lastimarme”, relató.
Después de la complicada situación que atravesaba la joven, comenzó a tener ideas suicidas. Los días se le tornaron más complejos, y como ella misma lo describe: “Había un vacío, mi única opción era aislarme para no hablar con nadie”.
Paola comenzó a practicar el “cutting”, que es una conducta que tiene como característica principal el que una persona se provoque laceraciones en la piel. Veía en esa actividad una forma de aliviar su dolor.
Pero cuando parte de las heridas mostraron un sagrado mayor, Paola describió que sintió miedo, “comprendí que realmente no era lo que yo no quería hacer”, y empezó a entender que sí había esperanza de remediar su problema.
Cuando su familia observó los daños físicos en ella, buscaron el apoyo de una psicóloga, por lo que asistió por más de un año y su recuperación fue paulatina. “Ahora me levanto cada mañana, intentando ser feliz, intentando que todos los problemas, todas las cosas que pasan día a día sean algo pasajero, intentando ser fuerte conmigo misma, con mi mente, con mis emociones, intentando sanar todos los días”, compartió.
Opinión
Roger Enrique Merchant Prado, jefe de la Clínica de Emergencias Mentales para Adolescentes (EMA), explicó que el “cutting” es un gesto suicida, “podemos ver que el adolescente empieza con eso, con esas ideas y esos pensamientos (…), el adolescente empieza a lacerarse, autoflagelarse, a lastimarse, pero muchas veces no es considerado como un intento suicida”.
Es necesario, dijo, aprender a diferenciar que el adolescente realmente quiera matarse, por lo que se debe identificar si existe una crisis existencial o una crisis suicida.
Intentos
“Busquen ayuda, no están solos, hay una luz de esperanza dentro de cada uno de nosotros, son muy fuertes por intentarlo todos los días. Muchas veces sirve solamente hablar con una persona”, son parte de los consejos que ahora da la joven a las personas que se encuentran en una situación similar.
Paola se encuentra mejor, se alejó del peso emocional que traía, tiene ganas de concluir su carrera y el deseo de demostrarse “que puedo hacerlo, que puedo sentirme orgullosa de mí, que puedo ser yo mi propio apoyo incondicional, que puedo ser yo quien me saque de esos momentos oscuros, que puedo ser yo mi apoyo y mi sustento”.












