Un trotamundos y obrero del arte

Un trotamundos y obrero del arte

Osvaldo Gutiérrez Ballinas es un obrero del arte y trotamundos que está tratando de crear nuevos vínculos con su trabajo en la calle e intenta entretener el espíritu de la gente.

Con canas y algunas arrugas que admite le están apareciendo a sus 50 años, Osvaldo como buen “metiche” está inmerso en diversas disciplinas artísticas como el teatro, performance, artes plásticas y la poesía, que a la par trata de conjugar con la música.

Se le puede observar en las calles de la avenida Central realizando teatro para niños y tocando el violín, pero cuenta que tiene su historia y aunque algunas personas se han alejado o le han cerrado las puertas, se esfuerza por salir adelante en el mundo del arte.

Inicios

En el tercer piso de su hogar, cuenta que desde niño cantaba las canciones de Parchis, que era un tipo ente y niño sensible, también soñador y que siempre estuvo en el mundo subjetivo y “nunca en el ahora”.

Externa que le encantó y se enamoró de las letras, sus palabras y su relación con las cosas.

“Lo que me hizo acercarme a la literatura, el entender que hay un gran poder detrás de estos símbolos y que se puede cambiar al mundo no a través de un golpe o una grosería.

“A este mundo hay que inyectarle optimismo, ya que siempre aflora el pensamiento trágico; a través del arte podemos enfrentar esas cosas tristes que nos hacen daño pero con más dignidad, entereza y amor”, afirma.

Su biografía se resume en la de un luchador, Osvaldo es autodidacta y revela que no tuvo la capacidad de concluir sus estudios de preparatoria e ir a la universidad para aprender arte.

Comenta que todo lo que sabe es gracias a cursos independientes y que el Consejo Estatal para las Culturas y las Artes (Coneculta) le ha facilitado.

Osvaldo muestra una carpeta de certificados (alrededor de 50) de sus talleres que ha compartido con gente importante y que ha dejado su nombre a nivel nacional e internacional.

La idea, destaca, “es imitar este tipo de gente y líderes que proponen algo a la mente de un individuo que tal vez está sufriendo, tiene rencores o deseos de venganza, y a través del arte detener la violencia”.

Diseño de genes

“Mis hijitos, mis monstruitos se parecen a mí, están hechos con mucha pasión”, comenta mientras saca de una bolsa títeres de diferentes tamaños y personajes de trapo y otros materiales que él mismo elabora.

Aunque reconoce que tal vez “le falta más estilo”, y a pesar de “ser decadente, rústico y tosco, el trabajo que hace es con mucho cariño para el público tuxtleco”, del cual espera que le regale en cada show una sonrisa, la vista, la atención y su tiempo para poder enriquecerlos con un cuento y al final, “quizás si les gusta mi show me puedan obsequiar una ofrenda económica para comprar el chipilín o alimento”.

Expresa que él está para entretener el espíritu de cada individuo que se acerque con esa curiosidad que desarrollan los niños.

“La curiosidad del conocimiento, que sana y permite desarrollarse en la armonía”, dice.

Asimismo, expresa que el teatro y la literatura no tiene edad, aunque se va dosificando y graduando por estaciones y etapas.

“Nosotros tenemos la capacidad de ubicar el discurso de acuerdo al tipo de público que está disfrutando y con el que estamos compartiendo en este caso el arte chiapaneco”, afirma.

Luego de un breve espacio, exhorta a apoyar a los artistas trotamundos, ya que “a veces lo que se recibe es un poco de apatía y gana la televisión, los juegos de video o las redes sociales, pero sería bueno apoyar al arte hecho en Chiapas, que no es de mala calidad”, e incluso asevera que esta no existe, sino al contrario, lo que existe es la mala atención, concentración y ocupación.

“Cada artista en la calle es como un Stradivarius, es un instrumento vivo y nosotros a veces menospreciamos los instrumentos vivos.

“A veces la gente va prejuiciada y viene movida en su trabajo y hogar; movida me refiero en su mente y emociones, por lo que en la calle tratamos de sanar esas emociones o esas impresiones toscas o fuertes como la tristeza y el abandono, que con un chiste que provoque una sonrisa, aportará a su día”, agrega.

El obrero del arte le apuesta a crear una cultura de la prevención y diálogo, y una sociedad pacifista, racionalista, democrática y justa, y no corrupta y con nepotismo.

Asegura que cada libro que caía en sus manos lo leía para conocer la historia y las leyes de su oficio y conocer las diferentes aperturas y alucina con “proponer algo aunque sea sencillo para todos los chiapanecos, aunque sea solo, con monólogos y títeres o la música”.

Siempre está activo, diariamente hace ejercicios de vibrato, escribiendo, leyendo en voz alta y viendo su dicción, creando un personajes, “eso sí, no tengo éxito ni contratos ni shows, pero no importa porque tengo lo que pocos artistas tienen que es el valor, coraje de ir a la calle y atreverse a hacer su labor artística”. Confiesa que su vida ha sido difícil por encontrarse solo, “a veces el mal carácter y los malos hábitos me han alejado de mucha gente, pero gracias al arte me pude ver en un espejo y me he purgado, estoy tratando de ser mejor”.

“Me he ido domesticando como señala el cuento de El Principito en el capítulo 21, en donde el zorro le dice al principito que el amor y la amistad es ser domesticado, lo que se traduce en crear vínculos y es lo que estoy intentando hacer cada vez que salgo a la calle con mi arte, tal vez estamos como el Quijote de la Mancha, creyendo en un mundo en donde nos tachen de locos”, concluye.