Una autovía de la pobreza

"Abenamar Sánchez. * CP. Se podría decir que son 83 kilómetros de lamentos. La vieja autovía Tuxtla a San Cristóbal anora el turismo. La autopista no sólo acortó el tiempo y la distancia entre esas dos ciudades -Centro y Altos de Chiapas- sino devolvió al campo o a la siembra del maíz y el frijol a aquellos hombres y mujeres que para su sobrevivencia vendían artesanías y frutas y comidas a orillas de esa carretera que corre sobre faldas de altos cerros o quebradas.

En este día, apenas saliendo de Tuxtla se divisa entre brumas el serpenteo de la vieja carretera. Pero será en el kilómetro 49, donde la comunidad La Granadilla, cuando las palabras de dona María Luisa le den el peso de abandono al aire de anoranza que corre por la vía. Más adelante, don Pedro Sántiz Arias dirá que desde que se abrió la autopista de 56 kilómetros, aquí todo es tristeza.

Lúgubre es su casa. Ni las margaritas ni los crisantemos ni los lirios pueden con la sensación de tiempo estancado en el kilómetro 64, por Navenchauc. El frío cala los huesos y sobre la cresta de los cerros se ve resbalar la niebla que poco a poco toma la carretera. Antes, don Pedro vendía 200 ó 300 pesos diarios en flores. Ahora, sólo 20 ó 50 pesos los fines de semana.

El turismo se ha ido. Los carros, esos que pasan cada cinco o diez minutos, son de colonias vecinas. Pesa la ausencia del turismo. Dona María Luisa, una vendedora de Chiapa de Corzo, quien se resiste a abandonar su viejo oficio, dice que sólo unos dos o tres camiones pasajeros corren todos los días por esa vía desde Tuxtla, la capital, a San Cristóbal. Antes ella llegaba a las siete o a las ocho a este lugar. Ahora a las diez.

Cuando se sale de Chiapa de Corzo, a unos diez kilómetros de la capital, y se adentra por la vieja autovía el tráfico vehicular da la impresión de que nada ha decaído, pero eso es una mera impresión porque unos kilómetros adelante casi todas las unidades se enfilan en el tramo a Pichucalco. Y por la vía a San Cristóbal, nada. Sólo el silencio. Sólo el abandono.

Domingo Pérez Jiménez dice que sólo pobreza. Desde hace un ano para acá, se queja, cada día peor. Tiene un negocio de artesanías. Aquí en Joigelito 3, sobre el kilómetro 52, también municipio de Zinacantán, antes se vendía hasta 15 mil pesos en el periodo de vacaciones de Semana Santa o de verano. Ahora, unos 200 ó 300 pesos mensuales. Presionado por la situación, Domingo ha solicitado a la Gerencia del Tramo Chiapas del Camino y Puentes Federales (Capufe) permiso para trasladar su venta a orillas de la autopista Tuxtla San Cristóbal.

zLa respuesta? No procede la solicitud. La insistencia de Pérez Jiménez habría obtenido una respuesta más tajante del gerente Jorge Luis Juárez Hernández: ""si pones tu negocio, meteremos a la policía para que levante"". El otro argumento es que la venta de artesanías representa un riesgo de accidentes para la vía rápida donde del diario corren un promedio de 6 a 7 mil vehículos. Pero casi a mitad del tramo de la autopista se encuentra un amplio galerón de comedores.

Pedro Sántiz Arias prefiere no intentar. Dice que le da miedo. Aguarda con sus flores a algún posible cliente. Dona María Luisa Pérez opta por recorrer la comunidad de La Granadilla con la venta de dulces de camote y chicharrines. Sentada en una maltrecha galera la encontramos en este día por la manana. Dice esperar a una companera de trabajo. Al lado, hay un restaurante cerrado.

Refresquerías cerradas. Restaurantes cerrados. Paradores abandonados. Hombres y mujeres preocupados. La vieja autovía anora el turismo. Dice don Pedro Sántiz Arias que aquí ya todo es tristeza. 83 kilómetros de lamentos.

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