"El ciclo electoral marca el ritmo del gasto en la ciudad de México. Basta ver la cantidad de obra pública a lo largo y ancho del Distrito Federal.
Pero no sólo hay obra pública a pasto, sino anuncios de la obra. En calles y avenidas en que he observado la derrama de gasto se colocan sendos anuncios gráficos, muy bien hechos por cierto, que celebran la obra de ""bacheo"", ""reencarpetamiento"" y otros diversos. La sola fabricación de los carteles colocados en plena calle sobre postes metálicos debe haber costado una fortuna. Desde luego, ese recurso ha salido de nuestro dinero.
La semántica de los anuncios no deja lugar a dudas: deberíamos sentirnos agradecidos de que nuestros gobernantes ""bacheen"", ""reencarpeten"" y hagan cosas que de todas maneras se supone que tienen que hacer. Por lo general, los letreros terminan diciendo: ""?Cumplimos!"". zPor qué no se gastó parejo en los dos anos anteriores? zAcaso el gobierno detiene el gasto hasta que se aproximan las elecciones para comprar nuestros votos?
Los hechos son indicativos: varios sectores estratégicos de la ciudad están abiertos en canal. Circuito Interior, avenida Revolución, Río Mixcoac, Tláhuac (principal receptora de escombro de la obra) y muchos otros.
Desde luego, es controvertible cuáles obras son necesarias y si responden a un criterio urbanístico con visión de futuro pero, en todo caso, este es un problema para discutir en otro momento.
Lo inaceptable de esta forma de ejercer el gasto radica en que deriva de una falta de honradez política para cumplir en tiempo y forma con el ejercicio de los dineros públicos. zPor qué tenemos que esperar a que se aproximen las elecciones para que la obra se haga en magnitudes desquiciantes para la ciudad? Se justifica la sospecha de que el concepto estratégico subyacente es que las molestias a la ciudadanía serán compensadas por el alivio de obras terminadas semanas antes de las elecciones, después de lo cual un electorado ingenuo refrendaría a los candidatos del partido en el gobierno.
Urge que la oposición, tanto en la ciudad como en el país, exija legislar sobre la planeación del ejercicio del gasto público para que no dependa de los ritmos electorales. Debe haber legislación que obligue a los gobiernos a ejercer el gasto conforme a la planeación racional de manera pública y transparente. Sin leyes que hagan forzosa la aplicación racional del gasto al margen de la lógica electoral sólo tendremos la repetición trianual o sexenal de este ciclo perverso de manipulación del voto y dedicación de los gobernantes a servir a sus partidos, no a la gente.
Mientras tanto, el electorado consciente debe pensar en los baches que le han tocado desde 2006 hasta antes de que se movilizara la asfaltadora del voto.
El bache es una buena metáfora para la acción electoral, sea un bache real, o calles y avenidas todo terreno, inseguridad, corrupción en la construcción privada, el obsceno gasto millonario en letreros para hacernos sentir agradecidos, además de otras rapacidades en las que siguen incurriendo las autoridades de la ciudad con mayor debilidad de la ciudadanía en el país: el Distrito Federal.
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Investigador del Instituto de Investigaciones
Sociales de la UNAM
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