"Cualquier sociedad que se ha enfrentado al crimen organizado ha contado con tres herramientas fundamentales: jueces independientes, ministerios públicos autónomos y una prensa libre y protegida de los delincuentes. En México carecemos de ellas porque el Ministerio Público no ha alcanzado autonomía y porque la prensa no goza de una protección eficaz.
Así lo alertan asociaciones en pro de la libertad de expresión, que senalan que los cambios al Código Penal aprobados en la Cámara de Diputados en realidad no federalizaron los delitos contra periodistas. En estos actos, advierte la organización Artículo XIX, ""no se reservó la facultad de investigación e impartición de justicia al fuero federal"".
A la fecha, un periodista que investigue los nexos entre poder político y narcotráfico suele terminar como Quijote solitario en un paraje peligrosísimo. Por un lado, los medios en México no han construido un espíritu de cuerpo que vele por sus propios integrantes. Por el otro, el Estado no ofrece leyes que otorguen seguridad física y personal a los periodistas.
Demasiada retórica y poca legislación obstaculizan el desempeno del oficio. Si bien en 2006 se creó una fiscalía especial y se asumió que la protección a la labor periodística se haría desde la Federación, hace falta una reforma constitucional para conseguir que los delitos contra la prensa no queden impunes.
Bien advierten fuentes consultadas que esta ""federalización"" es ""un engano"" pues no hay una mayor responsabilidad de la Federación en las agresiones contra periodistas. Y aunque el legislador Gerardo Priego senale que se ha dado un primer paso, faltan kilómetros de legalidad para llegar a la debida meta.
Colombia e Italia son dos modelos de persecución del crimen que sirven a México como valiosos espejos. En esos países la prensa ha podido jugar un papel trascendente porque ha contado con garantías amplias para su ejercicio. En cambio, mientras aquí sigamos dejando a los periodistas en la vulnerabilidad, los criminales continuarán su embestida contra la sociedad entera, con los medios de comunicación en la primera línea del frente. (El Universal)
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