Y el Oscar va para...

En sólo unas horas sabremos cuántos de los mexicanos nominados a los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos recibirán el Oscar. Quince compatriotas tienen amplias posibilidades de ganar la codiciada estatuilla en 23 diferentes categorías. La mayoría de ellas se concentra en el espacio de la narrativa, sea a través de la dirección, la fotografía o el guionismo.

Lo más destacable de las nominaciones que hoy nos tienen literalmente al filo de la butaca es que la mayor parte de los premios potenciales de manana reconocen la cualidad mexicana de contar historias, de contarlas bien y, más aún, de trasladarlas a la pantalla con un sentido universal.

Es la vena narrativa de nuestros cineastas lo que está llamando la atención en el mundo: su gran capacidad para crear atmósferas, para armar tramas, tanto de ficción como de hiperrealismo; al final, esto no es sino la tradición mexicana de contarnos historias creíbles o increíbles, trascendentes o banales, pero siempre conmovedoras.

El producto artístico mexicano financiado desde Espana y desde Estados Unidos es de calidad universal y eso debemos celebrarlo. El fenómeno no es nuevo. La tradición existe y basta recordar dos botones.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Hollywood vino a México, al contrario de lo que está pasando hoy con los llamados braceros de lujo, como se definió el cineasta Alfonso Cuarón.

Bajo la política de la buena vecindad, los estadounidenses entregaron a los estudios Churubusco y a los estudios América material fílmico que narradores tan espectaculares como Miguel Zacarías e Ismael Rodríguez convirtieron en películas que inundaron las pantallas de toda América Latina.

En 1958 la historia se repitió. Los radios y esos nuevos aparatos electrodomésticos llamados televisores se llenaron de historias contadas desde México. La industria de las radionovelas y de las telenovelas mexicanas trascendió incluso la barrera del idioma para exhibirse en países tan disímbolos como Vietnam e Italia.

El talento mexicano es capaz de crear la magia de quien desde la identidad propia llega a retratar al ser humano en su esencia para ofrecer al público historias que pueden ser masivamente entendidas.

He ahí una veta que debemos explorar como nación de creadores y que se podrá potenciar a través de la educación, la lectura y la cultura en general. México está lleno de seres con imaginación y sensibilidad.

No necesariamente todos los ninos y jóvenes que cultivemos en las mejores tradiciones del arte serán nominados a un Oscar, pero sin duda tendremos un México que cada día será mejor si dedicamos esfuerzos públicos y privados a estimular una de las capacidades más apreciadas en el mundo laboral del siglo XXI: la capacidad narrativa, no limitada a cuestiones de entretenimiento, pues la creatividad se expande a todos los ámbitos: la ciencia, la tecnología, los negocios. Todo esto necesita de alguien que se imagine cómo contar una historia, una historia de éxito, para llegar algún día a caminar por la alfombra roja como premio a la realización de sus respectivas tareas. (El Universal)