La ola de violencia que se vivió hace unos años en San Cristóbal dejó un estigma en toda la ciudad, pero, sobre todo, en la zona Norte, que hasta la fecha sigue siendo caracterizada como un “foco rojo”.
Ante esto, asociaciones y el consejo vecinal de la colonia 1.° de Enero, alejados de la política partidista, impulsaron el primer festival de la zona norte, titulado “Identific-Arte”.
Desde las ocho de la mañana, a orillas del Río la Tibia, se instalaron distintas carpas donde, además de los eventos contemplados como reforestación, grafiti y break dance, también se ofrecerían, de forma gratuita, cortes de cabello, servicio médico y laboratorio clínico.
Jacinto Vázquez, representante de la 1° de Enero, aceptó el temor que tuvo al ver la poca asistencia de infancias al inicio del evento. Sin embargo, fue durante la reforestación que varias niñas, niños y adolescentes se acercaron.
Pese a que la mayoría de los infantes asistían sin la compañía de un adulto o tutor, eran ellos mismos quienes se acuerparon y aconsejaron durante las actividades.
Cuidar el ambiente
Una de las asociaciones participantes fue Jk’anojot, que, entre otras cosas, lleva comida a distintos sectores desprotegidos de la sociedad, como la gente que vive en la calle.
Meir Mendéz, integrante de la fundación, mencionó que la actividad duró un mes en organizarse.
“La visión es que los niños cuiden el medio ambiente porque lamentablemente lo estamos acabando, ya es muy visible, los ríos están contaminados” mencionó Mendéz, quien durante su infancia, en los recesos, podía salir a nadar a esos mismos ríos que en ese entonces eran transparentes.
Diversidad y preservación
En Jk’anojot también participa Iván López, artista visual que da clases en la asociación y quien desde hace un año desarrolla una aplicación en tseltal, preocupado de que la proliferación de los teléfonos muchas veces no genera bienestar en las infancias.
La aplicación además tiene el propósito de preservar la cultura originaria, ya que el 70 % de la población de la zona norte es de comunidades indígenas. A su vez, esta población es diversa en aspectos como la religión, pues la propia fundación agrupa a personas católicas, cristianas, musulmanas y hasta mormonas.
El pequeño fotógrafo
Una de las actividades que más emociona a los pequeños participantes es la pinta de paredes. Los infantes corren a tomar la pintura en aerosol en compañía de grafiteros que trabajan en una pieza que sea huella del primer festival.
Los pequeños artistas son captados por un pequeño fotógrafo, a quien una de las participantes le ha dado su cámara para que aprenda a usarla. Él llega, te pregunta si quieres una foto, la toma, te la muestra con emoción y corre a captar la siguiente fotografía.
Johnavny Nájera, parte del Semillero 259, un espacio cultural que impulsa el rap y el grafiti como actividades de recreación, recalca que es la sociedad la que debe impulsar el cambio “y no esperar que otras personas vengan y quieran hacer eso”.
Recuerda que la época de violencia también fue un tiempo de encierro, “porque podía haber una balacera, un asalto, un robo, un secuestro, había de todo, era un lugar sin ley”.
Actualmente, dice, el objetivo es buscar una forma diferente de vida, donde “se pueda convivir con los vecinos, las vecinas, personas de otras comunidades, y más que nada reunirnos, hacer la unidad”.
“Es muy importante la apropiación de los espacios públicos porque son nuestros espacios, no solo de los carros y de las motos, sino de la gente que anda a pie y que podamos tener diferentes actividades” agrega.












