En 1988, mientras “Cuarto Poder” seguía documentando el crecimiento deportivo de Chiapas, nacía una carrera que con el paso de los años terminaría convirtiéndose en símbolo del Atletismo estatal.
Lo que comenzó como una reunión entre amigos apasionados por correr, hoy representa una de las competencias más emblemáticas y desafiantes de Tuxtla Gutiérrez: la Carrera Camino al Cielo.
Hace 38 años, la capital chiapaneca era muy distinta. El antiguo periférico apenas comenzaba a expandirse, gran parte de la zona rumbo al Cañón del Sumidero permanecía rodeada de naturaleza y el actual Teatro de la Ciudad marcaba el llamado “kilómetro cero” de Tuxtla Gutiérrez. Fue justamente ahí donde surgió la idea.
El profesor Roberto Maza, atleta, promotor deportivo y organizador, recuerda que todo inició con un pequeño grupo perteneciente al Club Corredores, que decidió subir hasta uno de los miradores del Cañón del Sumidero, simplemente por su pasión por el deporte.
“¿Cuánto vamos a correr? Pues un medio maratón”, recuerda entre risas sobre aquella primera reunión en la que, tras completar el recorrido, compartieron un desayuno. Eran unos 20 amigos.
Sin imaginarlo, aquella convivencia terminaría creciendo año con año hasta consolidarse como una de las pruebas más conocidas del estado.
Primeras ediciones
En un principio, la ruta partía desde el Teatro de la Ciudad Emili Rabasa hasta los miradores del Cañón del Sumidero, trayecto que comprendía aproximadamente 22 kilómetros. Tiempo después, la salida se trasladó al parque central de Tuxtla Gutiérrez, añadiendo un tramo adicional que dejó la distancia oficial en 23.5 kilómetros.
Desde entonces, Camino al Cielo se convirtió en una carrera distinta a cualquier otra. No solamente exige resistencia física; también demanda fortaleza mental. El recorrido inicia en una altitud cercana a los 600 metros sobre el nivel del mar y concluye en zonas que rondan los mil 800 metros de altura, obligando al corredor a enfrentar un ascenso constante entre curvas, cambios de temperatura y paisajes rodeados por la reserva natural del Cañón del Sumidero. “Puedes venir preparado físicamente, pero si no vienes mentalizado para subir y seguir subiendo, la montaña te termina venciendo”, explica Maza.
Precisamente esa complejidad fue la que le dio prestigio dentro del Atletismo chiapaneco. A lo largo de casi cuatro décadas, la competencia reunió a corredores de distintos niveles, desde atletas recreativos hasta figuras nacionales e internacionales.
Figura internacional
Uno de los nombres más recordados es el de Benjamín Paredes, histórico fondista mexicano y ganador de importantes maratones internacionales como Nueva York y Los Ángeles. Llegó a participar en la ruta chiapaneca, dejando además uno de los tiempos más destacados que se hayan registrado en esta justa.
También participaron atletas paralímpicos, corredores extranjeros y fondistas experimentados que encontraron en Camino al Cielo una prueba diferente, tanto por su nivel de exigencia como por el entorno natural que ofrece. Pero más allá de las marcas y los resultados, la esencia de la carrera siempre estuvo en sus historias humanas.
Momentos inolvidables
Maza recuerda con especial emoción el momento en que un corredor se acercó para mostrarle dos imágenes. En la primera aparecía siendo apenas un niño, cargado por sus padres en una visita familiar al Cañón del Sumidero; en la segunda, décadas después, aparecía cruzando la meta de Camino al Cielo en el mismo lugar.
“Me enseñó dos fotos: una donde estaba en brazos de sus papás y otra ya corriendo la carrera en el mismo sitio. Ahí entiendes cómo pasan los años y cómo esta competencia termina formando parte de la vida de muchas personas”, relató.
Otro de los sucesos que guarda en la memoria ocurrió cuando una atleta rusa completó el recorrido teniendo siete meses de embarazo. Años después volvió a encontrarse con ella y conoció a la hija que, simbólicamente, subió “camino al cielo” antes de nacer.
Su otra pasión
Además del Atletismo, Roberto Maza tiene historia en el Futbol chiapaneco. En 1974 formó parte de la selección Chiapas, experiencia que complementó su formación deportiva y fortaleció una visión que más adelante aplicaría en la organización de eventos atléticos: el deporte como herramienta de comunidad, disciplina y convivencia social.
Durante estos 38 años, Camino al Cielo atravesó transformaciones urbanas, cambios de administraciones y nuevas generaciones de corredores. Lo que antes era prácticamente carretera abierta terminó convirtiéndose en un bulevar rodeado por el crecimiento de Tuxtla Gutiérrez. Sin embargo, la esencia se mantuvo intacta.
A través del tiempo
Maza calcula que la competencia ya pasó por más de 12 presidentes municipales y al menos seis gobernadores, sobreviviendo incluso a etapas complicadas como la pandemia de covid-19, periodo en el que organizaron una edición especial limitada, con estrictas medidas sanitarias. “Lo importante nunca ha sido la cantidad, sino la calidad y la experiencia del corredor”, sostiene.
Actualidad
Hoy en día la carrera es considerada una de las pruebas más exigentes y representativas del estado, compartiendo un lugar en la historia junto a competencias tradicionales como la Carrera del Parachico y la Carrera del Día del Médico.
Para Roberto Maza, el verdadero legado no está en los reconocimientos personales, sino en mantenerse como un impulsor permanente del deporte chiapaneco. “Yo solamente soy un conducto para que las cosas sucedan. Lo importante es que la carrera siga y que las futuras generaciones la continúen”, afirma.
Treinta y ocho años después de aquel desayuno entre amigos, Camino al Cielo se sigue avanzando kilómetro a kilómetro. Y mientras “Cuarto Poder” ha documentado durante medio siglo las grandes historias deportivas de Chiapas, esta competencia escribe la propia: una en la que la resistencia, la pasión y la memoria continúan llegando juntas hasta la cima.












