Si se pudiera definir la personalidad de la actriz Ari Albarrán, a quien la gente ubica por su participación en el programa Me caigo de risa, sería como la de un hada artesana, a la que le gusta usar su creatividad y habilidad con las manos, para darle vida a cualquier objeto.
Es precisamente lo que hace en la obra Recetas para la vida. “Aquí soy la Ari que no me había atrevido a ser desde que salí de la escuela, es que las artes plásticas y yo tenemos un romance desde hace mucho tiempo, y mucha gente no sabe que mis aspiraciones en la vida, además de actuar, es hacer teatro literalmente, el diseñarlo, mancharme las manos, ir a buscar materiales”, detalla.
Como Ari se considera una actriz creadora, se involucró en este montaje desde el momento mismo de la escritura, pero además invitó a su madre y a la directora de la puesta en escena, Maricarmen Núñez, en la hechura de los títeres y las maquetas que se utilizan en Recetas para la vida, que se presenta desde en el teatro La Capilla. “Todas somos como muy asiduas a lo artesanal, a las tres nos llenaba de vida juntarnos y recortar, pintar, pasarla bien, porque era un proceso que queríamos disfrutar particularmente, por eso darle valor a lo hecho por las manos es algo que nos une”, comenta.
Ari explica que este trabajo responde a la inquietud de hacer una obra para títeres, aprovechando que ella y su mamá tienen el Taller a Manos Libres, que se enfoca en realizar títeres y utilería para teatro, y eso sería una buena manera de honrar el oficio que ambas tienen.
Por eso el montaje utiliza diversas técnicas, desde el teatro de sombras hasta marionetas de mesa, que ayudan a la actriz a recrear un mundo de fantasía, donde el público vea a Lola crecer ante sus ojos.
Con sabor a hogar
En Recetas para la vida, Ari es la única sobre el escenario, y a través de la manipulación de títeres cuenta la historia de Lola, una niña que entrando a la pubertad que enfrenta la pérdida de su madre, lo que la lleva a emprender un viaje en busca de la autonomía, trayendo consigo su legado más preciado: el recetario de su madre. “Pensé que estaba bien hablar de la familia, porque son historias universales con las que todos pueden conectar, que pueden ver chicos y grandes, y sobre todo son historias que encierran problemáticas muy complejas”, dijo.
“Yo empecé a desarrollar la historia a partir de qué tipo de familia puede ser una conformada solo por dos personas, sin tanto drama; cómo es la relación si están solas en el mundo y, qué pasaría si una de ellas ya no está”, refirió.












