El historiador y experto en filosofía náhuatl Miguel León-Portilla (CDMX, 1926) señala que el gobierno debe incrementar el apoyo a la educación para que las lenguas indígenas, en primer lugar, sobrevivan en los habitantes que las tienen como maternas, a la vez que se difundan.
Según el autor de Visión de los vencidos, en el siglo XXI habrá una disyuntiva: o mueren muchas lenguas o se salvan. “Hay lingüistas que dicen que de las 5 mil lenguas existentes en el mundo no van a quedar ni 100. Digo que pueden quedar muchas más, depende de nosotros, que somos maestros, y de cierta manera lingüistas, los que estamos interesados en la historia de nuestro país y reconocemos que es una riqueza”.
Integrante del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pide a los indígenas, por un lado, que no se avergüencen de tener “ese” pasado, y por el otro, a los “no indígenas” respetar y “enriquecerse con ello al aprender lenguas de la región en que viven”.
León-Portilla dice que “la lucha debe seguir. “Cuando muere una lengua” es una tragedia para la humanidad. Y la poesía es la flor más bella de la expresión humana; tenemos una poesía bellísima en náhuatl, maya, purépecha, etcétera”.
Al respecto escribió el poema Cuando muere una lengua, que termina al decir que “la humanidad se empobrece”, pues, explica, al carecer de “estas perspectivas que tiene un poeta para ver desde una atalaya la realidad de un modo muy peculiar. Cada lengua evoca experiencias de manera única. Al morirse una lengua se cierra esta ventana, ya usted jamás podrá acercarse a esta manera de pensamiento”.
León-Portilla estima que en México existen entre 14 y 15 millones de hablantes de lenguas indígenas. Ahora, ¿cómo pueden conservarlas? Distintas instituciones, como la UNAM y la Universidad Veracruzana enseñan náhuatl, otomí, maya, mixteco y totonaco. También se enseñan en países como Francia, Alemania, Italia, Holanda, España, Estados Unidos, Canadá, Japón y China.
Son estudiadas, en primer lugar, por los antropólogos, luego, por los propios indígenas que quieren mejorar sus capacidades, y finalmente por entusiastas de estos pueblos. Para León-Portilla, sin embargo, las lenguas originarias sólo vivirán si tienen una función, si no, empiezan a decaer. Ejemplifica: “El náhuatl no se va a escuchar en una oficina bancaria, pero en el campo sí. Lo que la lengua tiene en su léxico es como el inventario de su cultura”.












