Sara Regalado * CP. Durante varios días, las calles aledañas a la esquina de la 6ª Poniente y 4ª Sur, en el barrio de El Cerrito, en Tuxtla Gutiérrez, lucieron llenas de fiesta y colores. Constantes se escucharon los truenos de cohetes y alabanzas; además, el olor a albahaca se esparció por toda esa zona. ¿La razón? La fiesta de San Pascual Bailón o San Pascualito, como sus devotos lo llaman cariñosamente.
A la iglesia católica ortodoxa que lo tiene como patrono arribaron numerosas peregrinaciones, desde un día antes del Día Grande, el 17 de mayo, para llevarle ofrendas y enramas al santo de la Orden Franciscana.
La cofradía zoque de Tuxtla Gutiérrez realizó todos los rituales y, para ofrendar sus arreglos tradicionales, en peregrinación asistieron los hombres cargando las enramas, y las mujeres, con las cabezas cubiertas, llevaron cargando los coloridos y naturales ramilletes.
El obispo Rogelio Carrillo Hidalgo recibió la procesión zoque y la acompañó hasta el altar en donde San Pascual Bailón ya tenía varias veladoras y arreglos florales a sus pies, símbolos de plegarias y agradecimientos.
Además de los devotos y feligreses locales, como invitados a la fiesta de San Pascualito asistieron sacerdotes de otras localidades, como Juan Díaz Marroquín, sacerdote que actualmente tiene a su cargo un templo en Cadereyta, Nuevo León, y quien se mostró complacido y admirado por la devoción que tienen al santo patrono y por la manera en que mantienen vivas las tradiciones indígenas.
San Pascual Bailón tiene como devoción principal la eucaristía. El franciscano nació y murió en el día de Pentecostés y se le atribuyen numerosos milagros en todo el mundo.











