De Brasil a México

"La corrupción no es un asunto de moral pública únicamente, sino de incentivos institucionales y económicos, que están funcionando al cien por ciento para que no haya competencia y equidad, en todo sentido, comentó Irma Eréndira Sandoval, investigadora de la UNAM, en entrevista con el periodista Ricardo Rocha. ""Estamos rebasados en los límites de corrupción y eso es la causa de atraso político o de la no efectividad económica que se refleja cotidianamente en nuestro país"", añadió.

Un buen ejemplo de lo mencionado lo ofrece la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien asumió el poder el primero de enero de este año. Ella, a finales de julio pasado, abrió una cruzada anticorrupción. Sencillamente atendió los casos difundidos por los medios de comunicación y comenzó a destituir a los funcionarios involucrados en casos de corrupción. No esperó al resultado de la investigación judicial. De inicio los puso de patitas en la calle.

El primero de ellos fue el jefe del Gabinete, Antonio Palocci, señalado de enriquecimiento ilícito; seguido por el de Transporte, Alfredo Nascimento, también acusado de corrupción. Después, Nelson Jobim renunció al ministerio de Defensa, tras unas duras declaraciones en contra del gobierno de la mandataria brasileña. El ministro de Agricultura, Wagner Rossi, es el cuarto ministro que renuncia acosado por denuncias de corrupción.

Rousseff, que en sólo siete meses de gobierno está usando la lucha contra la corrupción como su mejor bandera, con acciones claras, concretas y sin demagogia, después de que la prensa publicara los continuos fraudes en contratos públicos y desvíos de recursos públicos en el ministerio. Bastante luz nos da a la sociedad de México, en donde no sólo la prensa denuncia la corrupción; se publican libros, se hacen documentales (""Presunto culpable""), se prometen peces gordos en campaña y simplemente no sucede nada.

Recordemos que Brasil se encontraba en un estado de quiebra, con una corrupción galopante, altos porcentaje de pobreza y criminalidad. Cuando Brasil eligió al obrero metalúrgico Luis Inacio Lula Da Silva, éste reorganizó el gobierno, implantó medidas severas para prevenir y erradicar la corrupción, así como para disminuir la pobreza y la criminalidad, logrando, al término de su gobierno, elevar a su país al rango 7º de la economía mundial, dejando reservas por más de 57 mil millones de dólares y pagando totalmente la deuda de 37 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.

La primera presidenta mujer de Brasil, Dilma Rousseff, que llegó con el apoyo del presidente anterior, ha sido capaz de imponer su autonomía del anterior presidente, al solicitar las dimisiones de altos funcionarios lulistas acusados de corrupción. Reconocible es que los mande a la calle, al contrario de lo que sucede en México, donde a los incómodos se les envía con algún puesto público al exterior. ¿Por qué Brasil sí y nosotros no?

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