“Dice el director que bueno, que a partir de hoy podemos dar un descanso a los lectores, pero que si alguno de nosotros se mudare, trasladare y/o apareciere en otra revista y/o diario, él a patadas nos agarrare”, dice Mafalda a sus amigos en la última tira que el dibujante argentino Quino publicó el 25 de junio de 1973 en la revista Siete Días Ilustrados.
Muchos años después, Mafalda volvió a mudarse, pues en 2025 abandonó la editorial Ediciones de la Flor –en la cual vivió desde 1970–, puso en maletas sus irreverencias y preocupaciones sobre el mundo, y desempacó en su nueva casa, la multinacional Penguin Random House, en busca de mayor distribución.
Esta semana, sin anuncios formales, aquella que fue la casa de Mafalda por 55 años colocó su local en la 50 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Filba), que empezó el 23 de abril y termina el 11 de mayo; ahí anunció su despedida: “Gracias por ser parte de estos 60 años”.
“Sus herederos eligieron otros rumbos”
En el módulo, la editorial Ediciones de la Flor colocó también su “epitafio”, que sirvió de explicación sobre el cierre para sus fieles lectores: “en 2026, el mundo de los libros no es el mismo, y nosotros no somos los mismos. Nuestros autores más importantes han sido nuestra familia, pero sus herederos eligieron otros rumbos.
“Editar libros en Argentina siempre fue una carrera con vallas y hasta aquí hemos llegado a saltos. Hoy, la tecnología y el estado de la economía exigen nuevos y diferentes desafíos, que resultan determinantes para una editorial que ha mantenido su independencia como bandera. Es nuestra última feria, y nuestro último año de actividad.”
Una de las causas del cierre fue la decisión en 2025 de los herederos del autor de Mafalda, el humorista gráfico argentino Joaquín Lavado (Quino), de firmar con la multinacional Penguin Random House.
Ediciones de la Flor fue fundada en 1966 por Daniel Divinsky y Ana María Kuki Miler en Argentina, y para 1969, con el desafío: “No deje que los animales sean más”, llegaron los primeros 30 títulos en la confitería del jardín zoológico de Buenos Aires. Llegaron los años 70 y con ellos también Quino, Rodolfo Walsh, Roberto Fontanarrosa y hasta Umberto Eco, con quienes la editorial vivió su belle époque.












