Encima de la técnica está el sentir

Si bien su formación inició en la desaparecida escuela soviética de la disciplina y la precisión férreas, para la pianista Nargiza Kamilova, el valor más importante en la interpretación es sentir y hacer cantar al piano.

“La música es sentimiento; el sonido, vibración, y por encima de la técnica está el sentir, siempre. Al tocar, las notas hacen vibrar y sentir al escucha, antes que suscitar el pensamiento. La música es el único arte que provoca eso de manera inmediata”, sostiene.

Originaria de Uzbekistán pero radicada en México desde hace 18 años, Nargiza Kamilova ofreció el pasado sábado un recital en la Sala Carlos Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart), como parte del 24º festival de piano En Blanco y Negro.

El programa estuvo conformado por dos piezas de Frédéric Chopin: “Berceuse” y “Balada número 1 en sol menor”; la “Suite bergamasque”, de Claude Debussy; “Ildegonda, paráfrasis de concierto”, de la mexicana Guadalupe Olmedo; la “Toccata” de Sergei Prokofiev y “Libertango” de Astor Piazzolla.

Maestra en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, Nargiza Kamilova destaca de esa selección musical la obra de Guadalupe Olmedo (1854-1889), quien fue la primera mujer en México en graduarse como compositora en el Conservatorio Nacional de Música, en 1875.

“La incluí para hacer un homenaje al país donde vivo, como muestra de mi agradecimiento. Si mal no recuerdo, esa obra fue rescatada por la maestra Silvia Navarrete, quien también la grabó. Su título (‘Ildegonda’), es también el de una de las óperas de Melesio Morales, quien fue maestro y posteriormente esposo de Guadalupe Olmedo”, explica la pianista.

“La compositora explora en esa obra los motivos de esa ópera, como las partes del coro y un aria del tenor cuando está enamorado; los trabaja y parafrasea”, señala. “Pianísticamente, es una obra muy brillante que explora muchos tipos de técnicas. Su lenguaje es muy brillante, tiene lirismo, dramatismo, incluso es muy lisztiano. También se escuchan motivos de Bellini, aunque tienen que ver más con Melesio Morales. El lenguaje de ella se parece mucho al de Liszt. Imagino que quería mostrarse, imponerse, demostrar al mundo de ese entonces que las mujeres también era capaces”.

Según Nargiza Kamilova, Guadalupe Olmedo “era muy buena pianista, pero como todas las mujeres de su época debió batallar mucho para sobresalir como concertista y/o compositora. No era exclusivo de México, sino de todo el mundo, como lo demuestra el caso de Clara Schumann”.