La subida hasta Copoya

Sara Regalado * CP. Después de varias semanas que estuvieron rondando por diversos hogares de Tuxtla, de recorrer el valle zoque desde la colonia Patria Nueve hasta Terán y desde el Niño de Atocha hasta La Lomita, las Vírgenes de Copoya regresaron el domingo a su hogar, entre cuetes, parachicos, música y cientos de feligreses que las acompañaron en su viaje.

La Virgen del Rosario, la Virgen de Olochea y la Virgen de la Candelaria descansan ahora en su ermita, muy cerca del corazón de la comunidad de Copoya, después de que este domingo se les recibiera con una gran fiesta en la que no faltó el pozol blanco y el de cacao, además de los platillos típicos zoques como el caldo de res con col.



Un camino lleno de fervor

La procesión salió desde temprano a las calles de Tuxtla, con el incandescente sol en medio del cielo claro y con un viento cálido que sólo en la sombra daba descanso. A mediodía ya estaban los feligreses en el último pero más pesado tramo: la subida por la carretera que va a Villaflores, y la última parada sería así el centro de Copoya, donde se preparó a las tres imágenes una ermita que poco a poco se fue llenando de somés y arreglos florales.

Al llegar a Copoya, la procesión ya rebasaba las 500 personas, y todas ellas, encabezadas por las vírgenes, fueron recibidas con música y una jícara con pozol. La fiesta duró toda la tarde; los parachicos siguieron bailando, los gigantes lucieron sus vestidos y los priostes y mayordomos brindaron por la custodia de las vírgenes, que reposarán ahí hasta su próxima bajada a Tuxtla, en el mes de octubre.