"Fabián Rivera * CP. El camino rumbo a Chiapa de Corzo se emprende por la tarde, para contar con el tiempo suficiente y poder recorrer las calles, tomarse la tradicional fotografía en la Pila y disfrutar la tranquilidad poco antes de que los comerciantes inunden el panorama con todas sus vendimias.
Pero algo más que un paseo turístico nos trae a Chiapa: será la noche de las chuntás, las sirvientas de la legendaria María de Angulo que renacieron el 8 de enero para celebrar un año más a su patrona. Gerardo Madrigal Nigenda, mejor conocido como ""El Jerry"", abre las puertas de su casa desde muy temprana hora para poder recibir a todos aquellos que quieren ser parte de la fiesta.
Hombres y mujeres de distintos puntos de la ciudad se acercan a la casa, ubicada en el barrio San Jacinto, específicamente en la calle Capitán Vicente López, 821.
Es una casa cimentada tradicionalmente con un amplio recibidor para los visitantes. La segunda sección de la casa está separada por una puerta en arco, cuyo único límite es una pequeña rejilla blanca.
A través de la puerta se puede observar un jardín en el que sopla el viento, por ahora amable por la época del año, de esta tarde chiapacorceña que terminará coronándose con un poderoso crepúsculo.
La casa de ""El Jerry"" es un lugar en el que se respira historia. ""Ya hace mucho que nos dedicamos a esto -confiesa Araceli Madrigal Nigenda, hermana mayor de la familia-, desde muy chiquitos ya veíamos a las chuntás recorriendo las calles. Antes todo era más sencillo. Se vestían con lo que fuera, no es como ahora, que se pintan y que todo es más arreglado. Las chuntás salen muy guapas de la casa"", agrega.
Pero la tradición de las chuntás sobrepasa las fronteras. Turistas y curiosos, gente de varias partes del mundo se acercan para vestirse y ser parte de esta fiesta en el que la gente se confunde entre los gritos, la algarabía y la vibrante música de tambor y pito.
""Es una tradición que se ha conservado a través de varias generaciones. Aquí tenemos 34 años llevando a cabo este festejo, y va para más"", aclara ""El Jerry"", mientras termina de maquillarse para comenzar el recorrido.
Las horas previas
A los hombres y mujeres de distintos puntos del pueblo que van a donde ""El Jerry"" para ser parte de la fiesta se suman los miles de curiosos que cerca de las 5 de la tarde se aprestan a tomar un lugar sobre las avenidas cercanas a la casa donde se lleva a cabo todo el movimiento.
""Se pone muy alegre, pero sí está pesado porque es mucha gente, luego no hay ni dónde pasar. Lo bueno es que son ordenados, se van en medio de la calle"", declara Julia, que tiene un puesto de curtidos sobre la avenida que atraviesan las chuntás de ""El Jerry"".
Cerca de las 6 de la tarde, en la casa comienza el hervidero. Son las emociones previas al largo recorrido, que alcanza altas horas de la noche.
Comienzan a llegar los primeros participantes, y aunque lo más adecuado sería tomarse las cosas con tranquilidad, lo cierto es que en la casa un aire de tensión es el que se respira.
Los miembros de la familia Madrigal Nigenda, involucrados en su totalidad para apoyar en lo que sea necesario, toman sus precauciones, dan órdenes, caminan apresuradamente... Hay una silenciosa efervescencia que crece conforme pasa el tiempo.
Conservar la tradición tiene su precio, y para la noche más esperada del año, todo tiene que salir perfecto porque la salida de las chuntás marca el inicio de la Fiesta Grande.
Los preparativos
Son las 7 de la noche y la casa de ""El Jerry"" es una hirviente olla de voces, gritos, chinchines que retumban agudamente en pleno patio y la ilusión de una noche que está por comenzar.
Toneladas de maquillaje para la fiesta. Todos trabajando al cien para dejar el maquillaje perfecto. Gente de toda procedencia. Muchachos que no tienen empacho en mostrar antebrazos, pechos y brazos tatuados, imagen amenazante que contraste con el rimel, las sombras colores llamativos, unas sobresalientes pestañas y, para terminar el cuadro, labios carmesíes coronados por una blanca sonrisa.
Irrumpe de pronto un visitante, que grita ""¡viva el Señor de Esquipulas! ¡Viva! ¡Viva San Antonio Abad! ¡Viva! ¡Viva San Sebastián Mártir! ¡Viva!"". Y todos se unen en un mismo grito que reúne el fervor religioso y el festivo, entre la realidad y la locura.
Prejuicios
Jorge, de oficio carpintero, se prestó para ser chuntá porque le gustan las tradiciones. ""Es algo muy de mi familia, pues mi papá y mis hermanos fueron chuntás y ellos me pegaron el gusto, porque además sabemos que es algo bueno, algo del pueblo, pues, y que forma parte de nuestra tradición"", comenta.
¿Y no te da miedo que piensen que eres ""del otro bando"" (homosexual)?, se le cuestiona pícaramente.
""Para nada, eso son puras pend... si estás seguro de que sos hombre eso no tiene por qué afectarte. Además, esto es parte de la fiesta, pues, y todo el pueblo forma parte del festejo y nadie se burla. Al contrario, sienten orgullo y alegría de ver a un familiar vestido de chuntá, porque es tradición, pues"", declara.
El tiempo ha transcurrido y el reloj marca las 7:15 de la noche. La primera comitiva de chuntás perfectamente arregladas se dirige a la sala de la casa para comenzar la fiesta. La música de tambor y pito, a todo lo que da, convoca al baile, a sentir las raíces de esta fiesta en el poder de su sonido.
El ritual comienza y todos comienzan a bailar, a gritar. Los ""vivas"" incrementan, y se suman nuevas proclamas como ""¡vivan las chuntás! ¡Vivan!"", ""¡viva la Fiesta Grande! ¡Viva!"", y la ""chuntada"" entrega cada gota de sudor en honor de María de Angulo, de la Fiesta Grande de Chiapa, de los ojos de San Sebastián Mártir, que desde su altar observa silenciosamente el honor que le rinden a través de la música y el baile.
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