Luis Miguel convirtió canto en juego

Luis Miguel convirtió canto en juego

Cuando Luis Miguel era un niño, cantar fue como un juego para él, era su actividad favorita a los 12 años; el artista, que ahora tiene como sello distintivo el hermetismo y el misterio, antes fue muy cercano con sus pequeñas fans, quienes lo obligaron a cambiar su vida y a acostumbrarse no solo a los reflectores, también a los gritos y hasta a las persecuciones; a su corta edad ya no era un niño común y corriente.

En ese entonces lo llamaban “niño prodigio”, alguien con un alto rendimiento equivalente al nivel de un experto adulto en la música. Era enero de 1982 cuando los promotores de Luis Miguel lo presentaron ante la prensa mexicana, dijeron que se trataba de “una joya”.

Incluso se decía que la calidad de su voz era mayor que la de famosos como Julio Iglesias o Camilo Sesto; en esa ocasión Luis Miguel cantó “La malagueña” y se lució con un falsete bien ejecutado.

Comenzó de la mano de Enrique Okamura, el descubridor de Juan Gabriel, en aquella ocasión, el menor confesó que su padre Luisito Rey lo había inspirado para alcanzar la fama. “Yo quiero ser artista, siempre lo he querido porque veo a mi papá cuando se presenta a trabajar en un escenario. Hemos viajado por todo el mundo, donde papá toca su guitarra y canta”, expresó.

Talento nato

Con una facilidad de palabra admirable Luis Miguel consideró que era un niño común y corriente sin embargo ya no asistía a la escuela y tomaba clases particulares, presumió que nunca antes había tomado clases de canto, y que si lo hacía era por mero gusto y porque también le gustaba a su papá. “Yo no quiero ser un niño que no pueda jugar o que no tenga oportunidad de hacerlo. Soy como cualquier otro, estudio el quinto año de primaria con un maestro particular y en cuanto a mi voz nunca he estudiado ni notas ni nada de eso, solo canto porque me gusta y también le gusta mi papá”, compartió.

Aseguró que no lo obligaban a cantar algo que no le gustara, por el contrario, por eso siempre elegía piezas alegres pues eran sus favoritas. “A mí me dejan oír las canciones y las que me gustan las canto, nadie me dice cuáles, por eso siempre escojo las alegres que son las que me encantan”, aclaró.

En solo tres meses había vendido más de 700 mil casetes, discos sencillos y de larga duración de su canción “1 + 1 = 2 enamorados”; el intento de su padre Luis Rey para que no se decidiera por el camino artístico fueron en vano.

Aunque su padre le pintó un panorama negro para los artistas, el pequeño Luis Miguel insistió, incluso amenazó que si no le daban permiso se iría de la casa, insistió con que cantar era como un juego para él, y no comprendía por qué le decían que tenía que jugar a otras cosas como el resto de los niños. “Tomo el cantar como un juego porque no sé porque dicen que debería jugar a otras cosas para mí el cantar es mi juego y lo que más me gusta”, aseveró.