La poeta de origen vasco Elisa Rueda Valenzuela fue invitada a una lectura de poesía y conversatorio en la Galería Rodolfo Disner, el día jueves, como parte de las actividades que la artista tiene agendadas en México, mismas que continuarán en los festivales de San Cristóbal de las Casas y Colima.
Elisa Rueda es académica de profesión (“porque del arte no se vive”, según ella mismo aclaró), vinculada con la educación y las artes, en las que incursiona en su tiempo libre.
Estos ratos la han llevado a escribir poesía, por lo que se ha hecho acreedora al Premio Internacional de la Fundación Valparaíso, Paul Beckett, en su V edición, y al Premio Ernestina de Champourcín, en su XVIII edición.
Además es actriz, ocupación que la ha llevado a participar en series de televisión, cortos y videos musicales. También es la única poeta del Club de los Poetas Rojos, un movimiento de lectores dedicados a dar voz a la poesía de temática social.
Lectura
En ocasión de su paso por Chiapas, dio lectura a diversos poemas suyos, como “Te quiero, galerna”, una oda a las tempestades en las costas cantábricas y de Santander, primero en vasco y luego en castellano.
“Te quiero, galerna…/ pero no te quiero un poema vacío”, es como da inicio y finaliza una composición poética que habla de ella a través del mar, un elemento con el que se siente fuertemente vinculada, derivado de que ha crecido cerca de este.
Pero el mar y su fuerza no es lo único a lo que como poeta Elisa admitió sentirse conectada; también la naturaleza ejerce sobre ella una gran atracción y encanto, mismos que son palpables en varias de sus obras, pero concretamente en su último libro de poesía: Tentación botánica.
De este libro se desprende el poema “Existió un lugar”, que leyó ante la concurrencia y que da inicio con la frase: “Existió un lugar donde la naturaleza lleva cosida…”, y evoca el amor en un bosque de hayas.
Respecto a su predilección por escenarios marítimos y vegetales, Elisa declaró que impregnan la totalidad de su obra, pues en cada libro suyo hay una división intangible entre dos apartados, uno de temática oceánica y otro vegetal.
Con frecuencia visita la casa de su padre en las Islas Canarias, un lugar que describió con magia, donde la primavera no es estacionaria sino perenne y relata la presencia de las “aguavivas” o medusas (como se conocen por estos mares), las cuales dan nombre a otro de los poemas que compartió.
De su libro Escalera hacia el sur eligió el poema “Aires de indentidad”, del que se desprende el fragmento que dice: “Donde converja el sol y el mar/ están mis coordenadas”.
Temas sociales
Elisa también dio respuesta al público sobre temas personales, sociales, políticos y religiosos que se viven en el País Vasco. Casada con Iñaki, tiene dos hijos, uno de 30 y otra de 18 años, sin ningún nieto, y afirmó que ya se prepara para ser abuela algún día, entre algunas narraciones dirigidas al público infantil, y añadió que le encantan los niños.
Su acercamiento a la literatura empezó desde la infancia, cuando aprendió a leer por sí sola, gracias a un diccionario que había en su casa; único libro en el lugar, por cierto, ya que sus padres eran de escasa escolaridad.
También declaró que pese a las diferencias culturales entre el País Vasco y México, los problemas sociales, políticos y religiosos son muy similares, tal vez porque estas complicaciones comparten la misma raíz.
La televisión, anuncios publicitarios, el marketing y el internet han contribuido a afianzar la cultura patriarcal, derechista y religiosa que impiden el crecimiento de la equidad de género, según comentó la poeta.
Además dijo que en España está más acentuado el catolicismo, que ha afianzado su poder gracias a la Derecha política, y una prueba de ello es que la educación pública contempla dos horas semanales de religión hasta el bachillerato.
En entrevista
En su charla con este medio detalló que esta es la tercera ocasión que visita Chiapas, pero la primera que lo hace con más calma, por lo que tuvo oportunidad de visitar el Zoológico Miguel Álvarez del Toro y se maravilló ante esa muestra de la naturaleza chiapaneca.
Fue por eso que consideró que aquí podría encontrar hasta un segundo hogar, pues no solo conjunta los elementos que son fundamentales en su poesía, como la vegetación y el mar, sino que también, mencionó, Chiapas mismo es poesía.












