Han pasado 25 años desde su lanzamiento original y ahora es tiempo de revisitar lo que se considera un clásico del cine independiente. Donnie Darko es protagonizada por Jake Gyllenhaal, un actor que ya era conocido internacionalmente, pero a quien aún le faltaba el impulso final que meses después tuvo con la para algunos, controversial Secreto en la montaña.
Entonces tenía 21 años, poco menos que el director debutante Richard Kelly, quien lo había convencido para encabezar un guion loco, atrevido, que hablaba sobre la enfermedad mental cuando aún no era tema mediático, pero desde un lado divertido, sin perder la seriedad necesaria.
Sigue a chico dotado de gran inteligencia e imaginación, pero que, tras escapar milagrosamente de una muerte casi segura, comienza a sufrir alucinaciones que no solo lo llevan a actuar de manera rara para varios, sino que entra a otro mundo, quizá un poco ajeno a lo que llaman real. “Donnie es un héroe complejo y encantador, y su romance con Gretchen, interpretada por Jena Malone, igualmente problemática, es el corazón de la película”, considera Time out.
Pero es The Guardian el medio que da un paso más allá al entender que en su estreno, aunque fue exitoso, quizá dejaron de verse otras cualidades que ahora adquirirían otro tono. “Es político y satírico que no era tan marcado en su época: está ambientada en 1988, el final, más sobrio, del reconfortante mandato de Ronald Reagan”, indica.
“Crecí en los suburbios, y creo que todos los adolescentes tienen una relación complicada con ese entorno. Por un lado, es un privilegio, pero también hay una sensación de conformidad, de rutina… y una oscuridad que muchas veces no se ve a simple vista”, dijo el director en una reciente visita a México.
Lo mejor, dice, es que como lo han apuntado críticos en los últimos años, la historia no tiene una sola interpretación, sino que depende de cada uno cómo la vea y lo que note. La película ganó premios de la Academia Americana de Ciencia Ficción, Fantasía y Horror, así como en Sitges, considerado el certamen más importante de cine de género en el mundo. Ahora llega a los cines del país en versión remasterizada, para celebrar su 25ª aniversario.
El mago del Kremlin
Cuando la película se presentó en el Festival Internacional de Venecia, la gente no podía creer lo que estaba viendo en pantalla: Vladimir Putin, el controvertido presidente ruso, estaba en esta, pero no era él.
En realidad, se trataba de Jude Law (nominado al Óscar por El regreso a Cold Mountain) quien se había aprendido el más mínimo movimiento corporal y facial del político, a fin de darle vida en esta película que, como su personaje central, ha causado polémica.
La dirección corre a cargo del francés Olivier Assayas, conocido por Carlos y Fantasmas del pasado, quien eligió contar una historia entre ficción y realidad de Putin, quien hace cuatro años mantiene asediado militarmente a Ucrania.
El galo escogió la novela homónima de Giuliano de Empoli para contar la historia de un joven cineasta (Paul Dano, Batman) quien se convierte en asesor de Putin con todo lo bueno y quizá más malo, que pudiera generar esa relación. “Es fría sin ser nunca escalofriante: no es un thriller, no es realmente una comedia y es poco probable que inicie una revolución a pesar de la cruel sacudida de un disparo final”, comenta Indiewire en su crítica cinematográfica.
“Es una exploración visualmente impactante e intelectualmente estimulante de la Rusia postsoviética, realzada por la interpretación sobria pero magnética de Law como Putin. Si bien el enigmático protagonista y la estructura episódica de la película limitan la conexión emocional, Assayas ofrece una crónica fascinante sobre el poder, la ambición y la transformación histórica”, expresa por su parte The Prague Reporter.
Llama la atención que El mago del Kremlin se filmó junto a principios del año pasado, es decir, acabó su rodaje apenas medio año antes de presentarse en la Mostra. Actualmente se encuentra en cartelera.












