Retratan desarraigo de migrantes

Retratan desarraigo de migrantes

Una madre puede irse por amor y aun así dejar heridas. Puede cruzar el océano por una vida mejor para sus hijos, trabajar sin descanso en otro país y, sin embargo, ser recordada por su hija más por la ausencia que dejó que por aquello que intentó darle.

Esa contradicción atraviesa Ceniza en la boca, la película con la que Diego Luna volvió a la dirección y que tuvo hace unos días su estreno mundial en el Festival de Cannes.

Basada en la novela de Brenda Navarro, la cinta sigue a Lucila, una joven mexicana que llega a España con su hermano para reencontrarse con Isabel, su madre, quien años antes emigró sola a Madrid.

Pero la vida prometida no es limpia ni sencilla: hay racismo, trabajo extenuante, responsabilidades prematuras y una identidad que se vuelve difícil de sostener lejos de casa.

Visión del director

En entrevista, con el viento y las vistas de la Costa Azul desde la terraza de periodistas del Palacio del Festival, Luna cuenta que la película nació de una resonancia personal con el libro.

“Había dos ejes temáticos en el libro que a mí me resonaron mucho, que me hicieron cuestionarme lo que me estaba pasando en particular en mi vida familiar y lo que me estaba también tocando atestiguar: la ausencia y la migración”, explica.

“Ahí había una oportunidad de hablar de algo, hablar de cómo nos contamos nuestra historia, de cómo nos vamos explicando nuestra realidad tan compleja para este personaje”, expresó.

El primero de esos ejes, la ausencia, se materializa en la historia de Isabel, interpretada por Adriana Paz, que es también la de muchos migrantes que dejan a los suyos. Luna observa cómo una misma herida cambia según quien la cuente.

“Desde la perspectiva de la madre hay un sacrificio. Ella se está yendo para tratar de conseguir o poder ofrecerle algo mejor a sus hijos; pero desde la perspectiva de una hija, eso se vive como un abandono y cómo eso termina formando la narrativa o la mitología propia de este personaje”, dice Luna.

La otra ruta

El otro eje es la migración, pero no la que suele ocupar el centro de las historias mexicanas. Ceniza en la boca mira hacia Europa, en particular hacia España, como destino latinoamericano.

“Mi idea era reflexionar no solo la experiencia de quienes se van, sino también en la experiencia de quienes reciben. Y hablar de esa complejidad, porque es un tema que creo que toca hoy todos los temas”, señala el actor y director mexicano.

En la cinta importan Lucila, Isabel y el hermano que llega con ella, pero también el país que los recibe, las relaciones que ahí se forman y las violencias cotidianas que aparecen en una vida que debía ser mejor.

En su lectura, esa ruta ha cobrado fuerza por el endurecimiento del tránsito hacia EE. UU., la violencia que enfrentan los migrantes en el camino y el discurso político del norte. “El libro hablaba de una migración, además, que desde México pocas veces atendemos, que es la migración a Europa, de América Latina a Europa”, apunta el realizador.

“A raíz de Donald Trump y de la violencia a la que se enfrentan los migrantes, incluso yendo hacia el norte en América Latina, tratando de llegar a EU, pues España se ha vuelto un puerto seguro para América Latina”, agrega.

Con los suyos

Para sostener esa historia, Luna necesitaba encontrar a una actriz capaz de cargar con el peso emocional de Lucila. Adriana Paz, quien interpreta a Isabel, estuvo desde el inicio en su imaginario, pero, cuenta el actor, el proceso para encontrar a Anna Díaz fue largo y, al final del proceso, satisfactorio.

Pero no solo dentro del set, sino también fuera de él, Diego se rodeó de personas especiales. De hecho, la presentación en Cannes contó con Gael García Bernal y Alfonso Cuarón.

“Después de ‘Y tu mamá también’ entendimos que no podíamos esperar a que alguien más nos reuniera. Por eso empezamos a producir nuestros proyectos, creamos Ambulante y armamos espacios donde pudiéramos hacer las cosas que nos interesaban”, recuerda Luna.

Eso, dice, tiene algo de familia teatral, de grupo que se mueve junto y encuentra en el cine una forma de hablar de lo que le preocupa. “Este trabajo es muy personal. Todo el tiempo hablas de lo que te preocupa y de cómo ves el mundo. Poder hacerlo con quienes comparten tu vida es maravilloso”, indica.