Salma Hayek no cae en tentación del bótox

Salma Hayek no cae en tentación del bótox

Pasada cierta edad, muchas estrellas de Hollywood, hombres y mujeres por igual, son más obra de sus cirujanos plásticos que de la herencia genética que les legaron sus padres. Esa obsesión de la meca del cine por permanecer siempre joven ha llevado a celebridades como Nicole Kidman o Courteney Cox a reconocer que perdieron el norte cegadas por los supuestos milagros del bótox antes de darse cuenta de que apenas podían mover los músculos de la cara.

Sin embargo, hay una actriz que nunca se verá en esa situación: la mexicana Salma Hayek, quien forma parte del reducido grupo de artistas —en el que también militan Rachel Weisz y Kate Winslet— que se oponen radicalmente a las infiltraciones y demás inyecciones.

“Cuando empiezas a fantasear y pensar: ‘A lo mejor debería ponerme un poco de esa cosa, el bótox, de lo que tan en contra estoy...’, pero entonces me digo: ‘Espera un momento. A lo mejor deberías dormir un poco más y hacer ejercicio y ser más sana, y puede que eso tuviera el mismo efecto que un par de inyecciones de bótox’”, explica la guapa mexicana a la publicación Rhapsody. “Eso es a lo que me aferro. Siempre puedo hacer un esfuerzo por ser más saludable”.

El estoicismo con el que Salma afronta el cumplir años, derrochando gracia y elegancia, tiene mucho que ver con el hecho de que jamás se había sentido tan demandada y cotizada en la industria cinematográfica, una situación que desafía el cliché de que las mujeres se vuelven invisibles para los directos a partir de cierta edad.

“Nunca antes había tenido tanto trabajo. Siempre te aconsejan que ahorres dinero porque todo se habrá acabado para ti cuando cumplas los 30… Ahora tengo 50 y estoy trabajando más que nunca antes. Los mejores personajes son de mujeres de treintaitantos para arriba. Como actriz, son más interesante. Ahora me he librado por fin de la etiqueta de sex symbol”, celebra Salma.