"México * El Universal. Sin restarle nada a la imagen de lectora voraz y poeta consumada, la Sor Juana Inés de la Cruz que la escritora Mónica Zagal describe en su novela ""La venganza de Sor Juana"", es una mujer rebelde, obediente aunque nunca sumisa, que fue inteligente y utilizó la cocina y sus nobles dotes culinarias para seducir a quienes la rodearon e incitarlos a cometer el pecado de la gula.
Al menos así la imagina Mónica Zagal, quien senala que Sor Juana fue rebelde, pero no de una rebeldía de negarse a hacer las cosas. ""Era una mujer irreverente, que jugaba con los placeres y con la gente; tejió todo lo que necesitaba a su alrededor, con inteligencia pero sin dejar de obedecer. Si el padre Núnez le decía: 'Tienes que hacer tal cosa', ella lo hacía. El más claro ejemplo de su obediencia fue vender su biblioteca, que era lo que más amaba; tuvo que ceder un poco para ganar otras cosas, tal vez nadie se dio cuenta, pero ella ganó siempre, logró muchas cosas ayudada por la comida"".
La escritora, admiradora de la ""Décima Musa"", quiere que su primera novela sea una manera atractiva de acercarse a la poeta y mostrarla de carne y hueso. Aunque se trata de una novela histórica, hay una cercanía con la cocina, pues se sabe que la practicó y dejó en al menos un recetario que se le atribuye, y por varias referencias que hace en sus poemas.
""La madre Juana Inés utilizó la cocina para alcanzar sus fines, sabía de la gula, y con los platillos más exquisitos que preparaba, seducía a todo mundo, desde su confesor, el padre Núnez, hasta las madres superioras del convento de San Jerónimo... Hizo pecar a través de la comida, en un tiempo en que no permitían leer muchas cosas, y menos que una monja fuera letrada. Ella nos habla de lo que pensaba cuando escribía o cocinaba"".
En ""La venganza de Sor Juana"" (Martínez Roca, 2007), hay un interés por decir: ""Vean, soy mujer y mi reivindicación va a ser con la inteligencia; no una venganza, sino por medio de la cocina. Mi venganza es haber cocinado para todos y haberlos hecho comer"".
La novela va descubriendo, casi en secreto de confesión, la vida cautiva de Sor Juana, su pasión por la lectura y la escritura y sobre todo su gusto por la cocina, de la que supo sacar provecho en un tiempo en que era imposible que las mujeres sobresalieran.
Mónica Zagal pone a la ""Décima Musa"" en el mundo real, porque igual que Santa Teresa, fue una santa pero también una mujer.
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