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Hoy Escriben - Catón

De política y cosas peores

“Estoy embarazada -le dijo ella a él-. Voy a tener un hijo. Debemos casarnos”. Objetó él: “Tener un hijo no es motivo suficiente para que nos casemos”. “Quizá no, cabrón -se atufó ella-. Pero nosotros ya tenemos cinco”. (“A lo hecho pecho”, postulaba un dicho. Y añadía: “O si no, biberón”). “Efímeras y agudas refulgen mis pasiones / cual vidrios de botella que erizaron la barda / del gallinero contra los gatos y ladrones”. De memoria he citado esos versos de mi poeta de cabecera, Ramón López Velarde. La tapia del corral en la casa de la señorita Himenia carecía de esa protección, y el salaz perico de la madura célibe trepaba a ella -a la tapia, no a la madura célibe- a fin de regodearse en la contemplación de las montas del lascivo gallo sobre las gallinas. Sucedió hace días que una súbita ráfaga de viento hizo caer entre ellas al cotorro. Y mascullaba después, mohíno, el loro: “¿Por qué nadie le dijo nunca a ese maldito gallo que no hay gallinas verdes?”. “Solo es amor con sentido cuando es amor consentido”. No diré que esa frase de mi modesta autoría es digna de ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero, y ni siquiera en plastilina verde, pero sí me atreveré a afirmar que es cierta. En efecto, el verdadero amor excluye toda forma de violencia, pues el amor consiste en desear todo bien para la persona amada, y no puede admitir por tanto la supresión de su libre voluntad. San Agustín de Hipona fue un gran santo porque primero fue un gran pecador. En su juventud oraba: “Señor, hazme casto. Pero todavía no”. En incontables ocasiones Agustín se ocupó del amor terreno, que fue su especialidad antes de que las lágrimas de su madre, Santa Mónica, lo condujeran al amor de Dios. Alguien le preguntó una vez: “Maestro: ¿qué es el amor?”. Respondió: “Si me preguntas qué es el amor, no sé. Pero si no me lo preguntas sí sé”. Quería decir que el amor es inefable. Ese término, “inefable”, se aplica a lo que no se puede describir con palabras. En otra ocasión un hombre le pidió un consejo que le ayudara a vivir en el bien. Dijo el santo: “Ama et fac quod vis”. Eso significa: “Ama, y haz lo que quieras”. Sabía el santo que quien ama no puede hacer daño a nadie. Quizás alguien dirá de mí al leer esta profusa parrafada: “¡Vaya! ¡El diablo metido a predicador!”. No es prédica la mía, sino reprobación para quienes en cualquier forma ejercen coacción física o mental sobre una mujer. Pese a los avances conseguidos en materia de igualdad de género, las mujeres siguen siendo objeto de discriminación y de violencia. Combatir esa injusticia es deber de todos. Susiflor, de vacaciones en la playa, le dijo a su amiga Rosibel: “Cerca de aquí hay una pequeña bahía solitaria. Ahí podremos nadar desnudas”. “¿Para qué? -opuso Rosibel-. Nadie nos vería”. Los amigos de don Ataúlfo se sorprendieron cuando en la mesa del Bar Ahúnda el señor comentó de buenas a primeras: “Mi mujer es una fiera en la cama”. Preguntó uno, cauteloso: “¿Es muy ardiente?”. “No -precisó don Ataúlfo-. Es una fiera porque no deja que me le acerque”. Naufragó el barco, y un joven marinero fue a dar a una isla desierta en compañía de dos hermosas pasajeras. Bien pronto la naturaleza impuso sus dictados, y los tres llegaron a un acuerdo: el marinero le haría el amor a una de las chicas los lunes, miércoles y viernes; y a la otra los martes, jueves y sábados. El domingo descansaría. Poco después llegó a la isla otro náufrago. Supuso, aliviado, el marinero que le ayudaría por mitad en la tarea, pero con adamada voz le dijo el recién llegado: “Hola, guapo”. “¡Chin! -exclamó el marino, desolado-. ¡Se jodieron los domingos!”. FIN.

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Cine en pantuflas. Anoche vi una vez más la película “Fantasía”, de Walt Disney.

El gran cineasta dijo que ese film era el más personal de todos los suyos. Cuando en 1940 se estrenó fue un sonado fracaso. La película no tiene argumento. Es una serie de imágenes con fondo de música de autores clásicos. El público no entendió algo tan elaborado. Sin embargo, al paso del tiempo “Fantasía” se volvió una película de culto, y ahora es más apreciada por los cinéfilos conocedores que las otras obras de Disney.

A mí me asombra el hecho de que uno de los segmentos del film muestra la historia del planeta y sus criaturas en los términos de la teoría de la evolución, de Darwin. Apenas 15 años antes, en 1925, había tenido lugar el famoso “Monkey Trial”, juicio en el cual un profesor de escuela secundaria fue sometido a proceso por enseñar a sus alumnos las tesis darwinianas en vez de apegarse a las doctrinas bíblicas.

En “Fantasía” Walt Disney probó ser un artista comprometido que veía más allá de la taquilla. Eso lo enaltece.

¡Hasta mañana!

Manganitas

Por AFA

“Trump insiste en sus demandas sobre Groenlandia”.

Al refranero me acerco

porque es muy rico, caray.

Dice un proverbio: “No hay

pendejo que no sea terco”.