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Hoy Escriben - Catón

De política y cosas peores

“Soy un objeto sexual”. Esa insólita declaración hecha por Neva dejó sin habla a sus amigas del club de costura. Explicó ella: “Cuando mi marido me pide sexo siempre objeto”. Afrodisio, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le preguntó a la linda Susiflor: “¿Te gustaría desayunar mañana conmigo?”. “Me gustaría mucho” -aceptó ella. Volvió a inquirir el labioso galán: “¿Te despiertas tú sola o te muevo para despertarte?”. Don Vetarrino es lo que antes se llamaba un viejo rabo verde. Tiene más años que dos pericos juntos, y a pesar de eso sigue gustando de “la dulce pasta femenina”, que así nombró don Federico Gamboa a la tibieza de la mujer. “Si Dios hizo algo mejor se lo guardó para él”, suele decir un cierto amigo mío. En el Bar Ahúnda el provecto señor conoció a una damisela de buenas prendas físicas, y prontamente trabó conversación con ella. La plática fue breve. Le preguntó él: “¿Cómo te llamas?”. Respondió ella: “Tres mil pesos”. Aceptada por don Vetarrino la tarifa se dirigieron las partes contratantes al Motel Kamawa. Por discreción no narraré lo que sucedió -o más bien lo que no sucedió- en la habitación 210 del establecimiento. Solo diré que el añoso señor le indicó a la chica que le pagaría sus servicios con un cheque. Le entregó la chequera y una pluma para que hiciera el cheque. Poco después dijo ella: “Caramba, don Vetito. Tampoco su pluma funciona”. Doña Panoplia, dama de buena sociedad, se estaba duchando. En eso entró al baño la joven y pizpireta mucama de la casa. Lo asombroso del caso es que iba descalza de pies a cabeza, o sea sin ropa. Doña Panoplia, sorprendida e irritada, le preguntó: “¿Qué haces?”. “Perdone la señora -respondió la fámula-. Pensé que el que se estaba bañando era el señor”. La historia que sigue pertenece a los anales secretos de la Primera Guerra, librada en los campos de batalla europeos entre los años 14 y 18 del pasado siglo. En pleno conflicto los servicios de inteligencia de Francia e Inglaterra descubrieron y apresaron a una espía al servicio de los germanos. Se trataba de una bailarina de nombre Tama Riha, famosa por su espléndida belleza y por el erotismo de sus danzas orientales. Tras un juicio sumario -duró 15 segundos flat- la mujer fue condenada a muerte. En una madrugada neblinosa fue llevada ante el piquete de soldados franceses que la fusilarían. Iba cubierta por un fino abrigo de mink. “¡Preparen! -ordenó el oficial encargado de la ejecución-. ¡Apunten!”. Y ya iba a gritar: “¡Fuego!” cuando en eso la espía abrió con ambas manos el abrigo que llevaba y dejó ver su cuerpo desnudo. A la vista de aquella maravilla los soldados no pudieron disparar. ¿Cómo dar muerte a esa mujer de belleza inefable? Fue traído un segundo pelotón de fusilamiento, formado ahora por mílites británicos. Y sucedió lo mismo: los ingleses, pese a su fama de flemáticos, quedaron conmovidos por la hermosura de la voluptuosa fémina, y no fueron capaces de disparar contra ella. El general Oyau recordó que en las filas aliadas estaban unos voluntarios mexicanos conocidos por su fiereza. Los hizo llamar, y formó con ellos el pelotón encargado de fusilar a Tama Riha. La mañana de la ejecución se dio la orden: “¡Fuego!”. Tal como había hecho antes, la bailarina separó su abrigo y mostró a los mexicanos la espléndida belleza de su cuerpo desnudo. En ese instante cayó sin vida al pie del paredón. ¡Y sin embargo los mexicanos tampoco habían disparado sus fusiles! ¿Cómo explicar eso? La autopsia puso en claro lo sucedido. Dictaminó el forense: “Muerta a consecuencia de fuertes botonazos de bragueta”. FIN.

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Historias de la creación del mundo

El relato que a continuación sigue no viene en el Génesis. El relato de muchas cosas que sucedieron en el mundo no viene en el Génesis.

Adán se sintió solo en el paraíso.

Un paraíso en soledad no es paraíso.

Le pidió a Dios que le diera una compañera.

Entonces el Señor sumió al hombre en un profundo sueño, le sacó una costilla y con ella hizo a la mujer.

A partir de ese día Eva, celosa, cada vez que Adán llegaba tarde a casa le contaba las costillas.

Nunca ha dejado de contárselas.

¡Hasta mañana!

Manganitas

Por AFA

“Se complica la guerra de Trump contra Irán”.

Tras entrar de forma artera

a una guerra sin destino,

ya no quiere queso, sino

salir de la ratonera.