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Hoy Escriben - Catón

De política y cosas peores

Los devaneos de don Chinguetas no conocen límites. La otra noche su esposa, doña Macalota, lo sorprendió en el lecho conyugal practicando acrobacias de erotismo no con una fémina, sino con tres: una morena, una rubia y una pelirroja. “En la variedad está el gusto”, suele decir el casquivano tipo. A la vista de ese insólito performance colectivo la señora prorrumpió en justificadas voces maldicientes. Don Chinguetas le dijo: “¿Quién te entiende, mujer? Traigo amigos a la casa, te enojas. Traigo amigas, te enojas”. Si alguna vez visitas mi casa de Saltillo, lo cual me agradará muchísimo, verás en la entrada un pequeño azulejo con estas palabras latinas inscritas en color verde sobre fondo blanco: Pax et bonum. Significan “Paz y bien”. Son el saludo franciscano, el que enseñó a sus discípulos San Francisco de Asís, santo y poeta, y por lo tanto dos veces poeta y dos veces santo. Mi abuela materna, mamá Lata, y doña María, la madre de la amada eterna y también madre para mí, fueron terciarias franciscanas. Iban todos los días al templo del Poverello a misa y al rosario. Yo asistía de vez en cuando por la noche a la Hora Santa, pues exaltaban mi imaginación de adolescente las profundas notas del órgano; el Pange lingua en la voz grave del salmista; los rezos en latín, el incienso y el sonoro sonar de campanillas en la bendición con el Santísimo. Si conservara yo aquella fe de niño pensaría que las queridas muertas se habrán alegrado en el Cielo al saber que su templo es ahora santuario, una dignidad con la cual la Iglesia reconoce la antigüedad de la presencia de los franciscanos en mi solar nativo, y los muchos beneficios que de la obra franciscana han derivado para la comunidad. Advierto, sin embargo que la nostalgia y el agradecimiento me han llevado por caminos diferentes a los que quiero recorrer. Cito de nuevo aquella frase, “Paz y bien”, y digo que Rubén Rocha Moya renunció al bien por buscar bienes, y así perdió para siempre la paz. Por muchos dineros que haya acumulado, y aunque en hora mala le permita la presidenta Sheinbaum volver a detentar el cargo de gobernador, ya no conocerá el precioso don de la tranquilidad. Se sentirá vigilado por quienes han sido sus cómplices, y en permanente riesgo de sufrir la misma suerte del que fue secuestrado para ser sometido a los americanos. A nadie conviene la presencia de Rocha. Sabe demasiado. Penosa vida habrá de ser la suya, pues cambió la paz de conciencia por riquezas mal habidas y por un poder espurio. Ya no podrá dormir sueño tranquilo, ni vivir existencia sosegada. Temerá siempre un ataque de sus enemigos de dentro y fuera. Lo mejor que podría hacer sería renunciar a su cargo y escapar. ¿A dónde? Difícil le será encontrar algún sitio seguro. Ni poder ni dinero han de servirle ya. Su herencia es ahora el miedo. Duras palabras son las anteriores, pero el deber de quien escribe en los periódicos es decir lo que otros no pueden decir, aunque eso signifique predicar en el desierto. Mejor será relatar un par de cuentecillos finales y luego hacer mutis como don Fernando Díaz de Mendoza al final del segundo acto de la alta comedia “Mancha que limpia”. El señor Ruguito, caballero de edad algo madura, actuaba a veces en forma bastante inmadura, Le preguntó a la joven Susiflor: “¿Te gusta la primavera, linda?”. Respondió ella: “Mucho”. “Qué bueno -se alegró el carcamal-, porque yo tengo 70”. Dos recién casadas intercambiaron confidencias acerca de sus respectivas noches de bodas. Dijo una: “Mi marido manejó todo el día. Llegó tan cansado que se durmió al segundo”. “El mío también -comentó la otra-, pero al tercero”. FIN.

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre.

Una noche perdí mi último remo.

No sé cómo. Quizá ni lo tenía.

¿El otro dónde está? Lo ignoro. Temo

que a lo mejor lo tengo todavía.

Sin vela voy porque no busco extremo.

No llevo mapa ni compás me guía.

Mi barca sin timón es Polifemo

que en cualquier horizonte encuentra vía.

El norte de mi brújula está muerto,

y cadáver será mientras yo viva,

y dormirá porque yo estoy despierto.

Quiero seguir en este desconcierto.

No voy sin rumbo, no, que la deriva

es el rumbo mejor, es el más cierto.

AFA.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

Por AFA.

“. Concurso de belleza.”.

El jurado, en modo drástico,

puso una nota de apremio:

decidió entregarle el premio

al gran cirujano plástico.