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Hoy Escriben - Catón

De política y cosas peores

El cuento que hoy descorre el telón de esta columna no debe ser leído por personas con escrúpulos de moralina. Lo leyó doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y sufrió una violenta crisis de colerín, carrerillas o cursera que su médico hubo de tratarle con pastillas de cachunde. Hecha la anterior advertencia procedo a relatar dicha vitanda historia. Un individuo llegó a la tienda de electrodomésticos y le pidió al dueño que le mostrara una plancha. Le trajo una el propietario, y el tipo quiso saber su precio. “Cuesta 10 mil pesos” -le informó el hombre. El presunto cliente se encrespó: “¿10 mil pesos por esta chinchurrienta plancha que puedo levantar con la?”. Y dijo con qué podía levantarla. El dueño del establecimiento lo retó: “Si la levanta con eso se la lleva gratis”. El sujeto se puso en aptitud de responder al desafío, y ante el asombro del propietario levantó la plancha tal como había dicho. “Tratos son tratos -declaró el comerciante-. La plancha es suya”. Transcurrió un par de meses, y cierto día el dueño de la tienda se topó en la calle con el individuo, y lo reconoció: “Usted es el hombre que en mi local levantó una plancha con aquello”. “Así es -respondió el tipo-. Y prepárese, porque estoy entrenando pa’ un refrigerador”. La esposa, romántica y ensoñadora, le preguntó a su marido: “¿Me amarás cuando mis cabellos se pinten de blanco?”. “Claro que sí -respondió él-. Te he amado a través de otros 14 tintes”. Un senderista iba por un camino rural. El calor era bochornoso. Vio un arroyuelo de frescas y cristalinas aguas, y se desvistió para entrar en él. En eso se aparecieron la señorita Himenia y su amiga Solicia. Apresuradamente el hombre se cubrió con el sombrero las pudendas partes. “No es usted un caballero -le reprochó Himenia-. Si lo fuera se quitaría el sombrero”. Siento particular afecto por Torreón. De niño pasé vacaciones ahí. Gocé en el Estadio de la Revolución los fragorosos juegos del equipo de beisbol Unión Laguna. Luego, joven ya, fui a morelear por el hermoso paseo al que acudían las lindísimas chicas de la ciudad. Lejos estaba entonces de imaginar que un día iba a tener el honor de ver mis columnas publicadas en “El Siglo de Torreón”, uno de los más prestigiosos periódicos de México, señoreado por el señorial señor don Antonio de Juambelz, de quien tantas buenas lecciones de periodismo recibí. Tampoco podía saber que pasado el tiempo me sería otorgado el título de Lagunero Honorario por el Cabildo de Torreón, presidido entonces por don Homero del Bosque, hombre bueno y sabio, escritor de fina pluma. Con el afecto y admiración que siento por esa ejemplar ciudad expreso aquí mi complacencia por el hecho de que el ex gobernador Miguel Riquelme haya sido nombrado alcalde de Torreón. Mejor designación no pudo haberse hecho. Riquelme es lagunero de corazón; conoce bien el municipio, pues ya fue alcalde en él; es excelente administrador y político hábil, conciliador y de resultados. Tiene una muy buena relación con el gobernador Manolo Jiménez Salinas, y de seguro llevará a cabo, en coordinación con él, una excelente labor en bien de Torreón y de los torreonenses. Más de una vez compartí una buena mesa con el ingeniero Riquelme en la grata compañía de José María Fraustro Siller, quien fue magnifico alcalde de Saltillo. Espero ahora disfrutar con ellos, y con otros buenos amigos, de un rico almuerzo en “La Majada” o de un suculento banquete en alguno de los espléndidos restaurantes de comida árabe o española que enriquecen la variada gastronomía de Torreón. Yo invito. FIN.

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

La gente del Potrero ha vuelto a creer en Dios.

La lluvia suele renovar su fe, que languidece en tiempos de sequía. Los animales comparten ese renacer. Otra vez la silenciosa vaca muge; el taciturno asno rebuzna; la callada gallina cacarea. Y los hombres hablamos, que es nuestra manera de cacarear, mugir y rebuznar.

En la cocina de la antigua casa la tertulia se alarga tras la cena. Don Abundio narra algo que le aconteció al padre de doña Rosa, su mujer.

-Se le treparon las copas, y cuando se subió al caballo lo hizo de modo que quedó con la cara hacia la cola del animal. Le dije: “Se montó usté al revés, tata”. Me contestó: “¿Y cómo chingaos sabes pa’ ‘ónde voy?”.

Todos reímos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por esta.

¡Hasta mañana!

Manganitas

Por AFA

“Se tambalea el TLC”.

Con la esperanza del gol

nadie mira ese problema.

Después veremos el tema.

Ahora todo es futbol.