Rubén Rocha Moya ha sido siempre un personaje maléfico. Hoy es un personaje patético. Su intentona de retomar el poder en Sinaloa acabó en ridículo. Ahora se ve solo, acusado allá y acosado acá. Aunque el limbo ya no existe, el tal Rocha está en un limbo político, siendo que en otra parte debería estar. Mientras siga detentando el cargo de gobernador, mientras permanezca en libertad, proyectará una nota de desprestigio sobre el gobierno de la presidenta Sheinbaum. Dará idea de que una fuerza superior a la mandataria lo protege y salva de la extradición o de la cárcel. En efecto, Rocha es contlapache de AMLO, quien a su vez se mostró en diversas formas amigocho de los malosos sinaloenses. Los saludaba en la persona de la madre y abuela de los capos, a quienes trataba con respeto y amparaba en nombre del bien de Sinaloa y de la nación. Los vínculos de Rocha con el narco son sobradamente conocidos, tanto en su estado como en la 4T. De no ser por el apoyo que de la delincuencia recibió no habría llegado a ser gobernador. El asesinato de Melesio Cué ha de pesar sobre su conciencia, si es que alguna tiene. En medio de ese pudridero, de esa absoluta descomposición moral, la presidenta debe probar que lo es. Para eso ha de usar escoba, no paraguas. Quiero decir que debe barrer con los delincuentes, no cubrirlos. En el caso de Rocha la señora tiene dos caminos: o entregarlo a la justicia americana o procesarlo aquí a fin de que se vea que la justicia se aplica también a los morenistas. En sus manos está conseguir eso, sometido como está el Poder Judicial a las consignas del Ejecutivo. Si emprende alguna acción contra el todavía gobernador de Sinaloa la mandataria tendrá el apoyo de los sinaloenses y del país entero. Por el contrario, si se mantiene omisa dará a ver que sigue dependiendo de quien le entregó el bastón, pero no el mando, y cualquier poetastro se sentirá autorizado para decir: “La presidenta en la pared pintada, y el que manda se encuentra en ‘La Chingada’”. Y ya no digo más. Por hoy he dicho todo lo que tenía que decir. Es cierto, columnista: queda cumplido tu deber de orientar a la República. Despójate ahora de la toga del magíster; ponte ropa de juglar y narra algunos cuentecillos como los que en su tiempo relataban con alegre desparpajo Bocaccio, Timoneda o Rabelais. En una mesa del Bar Ahúnda un desolado parroquiano les contó a sus amigos: “Mi mujer me decía ‘pichoncito’. Cuando me desplumó supe por qué”. (Una cosa es caer en los brazos de una mujer, y otra muy diferente es caer en sus manos). Al año de casados unos jóvenes esposos publicaron este aviso en el periódico: “Se venden camas gemelas y tapete desgastado”. Don Pitolo y doña Fecundina habían traído al mundo 15 hijos. El padre Arsilio los felicitó: “Han seguido ustedes las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, que pide a los matrimonios católicos no cerrar las puertas a la vida”. Acotó don Pitolo: “No somos católicos. Somos evangélicos”. “¡Ah! -clamó entonces el presbítero-. ¡15 hijos en un mundo amenazado por la sobrepoblación! ¡He ahí las funestas consecuencias del libertinaje sexual!”. La joven recién matrimoniada recibió a un grupo de amigas en su casa. Estaban platicando en la sala cuando de pronto irrumpió el marido de la anfitriona. Sin decir palabra la tomó del brazo y la condujo a la recámara ante el azoro de las visitantes. Poco después regresó la muchacha componiéndose el vestívido y arreglándose el peinávido, como decía la canción. Les dijo a sus amigas: “Mi marido va mejorando. Antes me hacía el amor aquí mismo, delante de la concurrencia”. FIN.
Mirador
Por Armando Fuentes Aguirre
Los fantasmas que por la noche habitan la casona de Ábrego piensan que yo soy un fantasma.
Quizá no se equivocan.
Ya no se asustan cuando se topan conmigo en alguno de los aposentos, ni dicen al verme: “En nombre de Dios te pido que me digas si eres de este mundo o del otro”.
Yo no creo en los fantasmas, y aun así se me aparecen. Ellos no creen en mí, y aun así me les aparezco. Cuando me ven murmuran entre ellos:
-Aquí ha de estar la relación.
La relación, en frase ya olvidada, era un tesoro oculto. Su existencia la anunciaba un alma en pena.
Los fantasmas de la casona de Ábrego piensan que yo soy un alma en pena.
Quizá no se equivocan.
¡Hasta mañana!
Manganitas
Por AFA
“Pide nueva licencia Rocha Moya”.
Diré en términos sencillos,
y que valga el pormenor,
que al mencionado señor
le apretaron los tornillos.








