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Hoy Escriben - Mauricio Meschoulam

Lo que la guerra en Medio Oriente revela

A partir de lo que ocurre en Medio Oriente, me enfoco en la continuada erosión del orden internacional basado en reglas, aunque desde una mirada más autocrítica y de autorreflexión.

1. Tenemos que partir de la base de que, más allá del tema Irán, el mundo está experimentando dos dinámicas paralelas que están marcando múltiples eventos y procesos en todo el globo.

1a. La primera es la acelerada competencia por recursos, posiciones estratégicas y cuellos de botella geopolíticos, asociados tanto con la tecnología como con el sostenimiento de una economía altamente globalizada e interdependiente. El estrecho de Ormuz y las repercusiones globales por su cierre, son apenas una muestra de lo que señalo.

1b. La segunda dinámica es la erosión, desde hace muchos años, de los arreglos e instituciones que buscaban ordenar la anarquía del sistema internacional. No se trata de algo nuevo, pero la frecuencia y sistematicidad con la que ese orden internacional basado en reglas ha sido retado por distintos países, ha venido creciendo hasta un punto en el que es percibido como insuficiente para garantizar la seguridad de los actores del sistema. La conclusión que están tomando esos actores consiste en que su única herramienta para garantizar su seguridad es su poder disuasivo.

2. Esa disuasión conlleva: (a) adquirir capacidades militares suficientes y seguirlas perfeccionando; (b) demostrar a todos los posibles rivales que se cuenta con esas capacidades; y (c) convencer a todos de que ese Estado está determinado a emplearlas.

3. El resultado es un riesgo creciente de choques potenciales, más aún en el contexto de competencia global que describo.

4. Al mismo tiempo, es común que algunos análisis se enfoquen en la dimensión del deber ser, en el mundo que quisiéramos que fuera, sin la suficiente autocrítica que se requiere. Necesitamos formular preguntas cruciales y responderlas con buen diagnóstico, análisis y recomendaciones adecuadas.

5. Para ello, tenemos que empezar por reconocer que las instituciones multilaterales no están compuestas por marcianos, sino por sus estados miembros, es decir, por nosotros mismos. Por lo tanto, si ese orden internacional ha fallado en producir confianza como garante de la seguridad nacional, es porque no hemos sido capaces de dotarlo de la efectividad y eficacia necesarias.

Debemos preguntarnos: ¿en qué ha fallado el sistema internacional para generar los incentivos necesarios que llevarían a los estados a alinearse plenamente con ese orden, así como las consecuencias suficientes para disuadir las conductas que optan por violarlo? ¿Cómo deberíamos construir mejor esa confianza de los estados en que ese orden institucional puede fungir como un garante eficaz de la seguridad colectiva? ¿Cómo generamos la confianza de que resulta más conveniente ceñirse, por ejemplo, a tratados de desarme, que encarrilarse en costosas e interminables carreras armamentistas?

Y por supuesto, lo anterior pasa por asumir que nuestro país no está excluido de estas conversaciones, de promover diagnósticos serios al respecto, de buscar las mejores recomendaciones y de empujar la reconstrucción de ese orden internacional. Porque, en la medida en que las dinámicas arriba señaladas sigan creciendo, lo que estamos viendo hoy con la guerra en Medio Oriente y sus impactos globales —y antes de ello Ucrania, Gaza, Myanmar, Sudán y otros 140 conflictos armados en el globo de los que poco se habla— no hará sino repetirse con mayor frecuencia.