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Hoy Escriben - Miguel Ángel Sosa

Melatonina bajo la lupa

XCV

Dormir se ha convertido para muchas personas en una batalla nocturna. Entre pantallas, estrés, horarios cambiantes y preocupaciones que continúan dando vueltas en la cabeza cuando apagamos la luz, la melatonina apareció en el imaginario colectivo como una especie de solución natural para recuperar el sueño. Pero ¿realmente funciona como una “pastilla para dormir”?

La respuesta científica es más interesante que un simple sí o no.

La melatonina es una hormona que produce naturalmente el cerebro en respuesta a la oscuridad y cuya función principal está relacionada con la regulación de nuestros ritmos circadianos, es decir, con el reloj biológico que ayuda a organizar los ciclos de sueño y vigilia. La exposición a la luz durante la noche puede disminuir su producción.

Uno de los primeros mitos que conviene desmontar es que natural significa automáticamente inocuo y adecuado para todos. La melatonina puede ser útil en situaciones concretas, particularmente cuando existe un desajuste del reloj biológico, como ocurre con el jet lag o algunos trastornos de la fase del sueño. Sin embargo, esto no significa que sea la respuesta universal al insomnio.

Las revisiones disponibles señalan beneficios modestos en determinados aspectos, como reducir el tiempo necesario para conciliar el sueño, pero no necesariamente mejora todos los componentes del insomnio.

De hecho, algunas guías clínicas han considerado insuficiente la evidencia para recomendarla como tratamiento del insomnio crónico.

Otro mito frecuente es pensar que mientras mayor sea la dosis, mejor será el resultado. Aquí la ciencia invita a detenernos y cuestionar una costumbre muy extendida: ¿por qué suponemos que más cantidad de una sustancia equivale a más sueño? La melatonina no funciona simplemente como un interruptor que “apaga” el cerebro.

Su importancia está relacionada también con el momento en que se administra, porque actúa sobre los ritmos circadianos. Por ello, tomarla sin considerar horarios, hábitos de sueño y características individuales puede no producir el efecto esperado.

También debemos abandonar la idea de que la melatonina puede sustituir una buena higiene del sueño. Ningún suplemento puede compensar indefinidamente dormir cada noche a una hora diferente, permanecer frente al teléfono hasta el momento de cerrar los ojos o convertir la cama en una extensión de la oficina.

En el caso del insomnio persistente, los expertos han señalado a la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) como una intervención inicial de gran importancia. Esto cambia la conversación: quizá el objetivo no sea encontrar algo que nos “haga dormir”, sino comprender qué está manteniendo despierto al organismo y modificar aquello que sí podemos cambiar.

¿Significa esto que la melatonina no sirve? Tampoco. Sería caer en el mito contrario. La evidencia indica que puede tener utilidad en problemas específicos del ritmo sueño-vigilia y en situaciones como el desfase horario; también existen datos que sugieren beneficios en ciertos trabajadores con turnos nocturnos, aunque la evidencia no siempre es consistente.

Existe además una conversación que merece mayor atención: la seguridad. El uso de melatonina parece relativamente seguro a corto plazo para la mayoría de los adultos, pero todavía existen preguntas importantes sobre sus efectos a largo plazo.

Puede provocar somnolencia, dolor de cabeza, mareo o náuseas, y puede interactuar con determinados medicamentos; por ejemplo, quienes toman anticoagulantes o tienen epilepsia deberían consultar a un profesional de la salud antes de utilizarla.

En niños y adolescentes la prudencia debe ser todavía mayor, pues existen incertidumbres sobre dosis, efectos prolongados y desarrollo hormonal.