Este fin de semana la Presidenta Claudia Sheinbaum inauguró el Tren AIFA-Buenavista, una obra que desde su concepción apunta a convertirse en uno de los pilares de movilidad entre la Zona Metropolitana del Valle de México y la capital del país, no solo por su capacidad de transportar a millones de pasajeros al año, sino porque representa una apuesta clara por reducir el uso del automóvil, disminuir tiempos de traslado y, sobre todo, avanzar en la ruta de la sustentabilidad al mitigar el impacto ambiental que por décadas ha generado el modelo de transporte basado en combustibles fósiles.
Bajo esta lógica, la primera mandataria de México ha dejado claro que el objetivo no es únicamente conectar puntos geográficos, sino rescatar una visión de país en la que los trenes de pasajeros vuelven a ser protagonistas del desarrollo nacional, enlazando la Ciudad de México con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) a través de un ramal de 23.7 kilómetros desde Lechería que se integra a un recorrido total superior a los 40 kilómetros desde Buenavista, permitiendo traslados aún más rápidos y con mayor frecuencia, lo que en términos de eficiencia coloca a esta obra como una opción concreta al servicio de las familias, que son el principal motor de esta Transformación.
Pero más allá de la infraestructura, el impacto social de este proyecto es innegable, pues responde a una necesidad histórica de movilidad para cientos de miles de personas que diariamente se trasladan del Estado de México a la gran metrópoli, en particular los más de 833 mil trabajadores mexiquenses que laboran en alguna de las 16 alcaldías de la capital, quienes ahora contarán con una opción más digna, rápida y accesible, reduciendo no solo el desgaste físico y económico, sino también mejorando su calidad de vida en un entorno urbano que por años ha sido sinónimo de trayectos interminables.
En contraste con modelos del pasado donde grandes proyectos quedaron inconclusos o mal planeados, la Cuarta Transformación ha apostado por obras estratégicas que sí se terminan y sí funcionan, como la Refinería Dos Bocas, el Tren Maya y el propio AIFA, frente a ejemplos que nunca vieron la luz como el Tren México–Querétaro, anunciado en 2014 y que fue cancelado tras el escándalo de la “Casa Blanca” y acusaciones de conflicto de interés, el fallido Aeropuerto Internacional de Texcoco, un proyecto “faraónico”.
Pero con la intención de construirse sobre un terreno inestable lo que iba a costar muchísimo más al pueblo de México o infraestructuras que nunca pasaron de ser promesas como la absurda barda que pretendía ser una refinería en Tula, Hidalgo, lo que evidencia un cambio de paradigma en la forma de concebir el desarrollo nacional, priorizando el bienestar colectivo por encima de intereses particulares de los sexenios neoliberales anteriores.
De igual forma, el Tren AIFA-Buenavista es también reflejo de una continuidad política que trasciende sexenios, pues aunque su origen se encuentra en la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), es hoy con nuestra presidenta Claudia Sheinbaum cuando se consolida y se pone en operación, demostrando que los proyectos de largo alcance requieren visión, compromiso y, sobre todo, voluntad política para concluirlos y ponerlos al servicio de la gente, fortaleciendo así la conectividad hacia uno de los nodos estratégicos más importantes del país.
Es por ello que la diferencia ya no se mide en discursos, sino en resultados palpables, donde antes hubo abandono, sobrecostos y decisiones marcadas por intereses ajenos al bienestar público, hoy hay obras que se concluyen, se utilizan y transforman la vida cotidiana, pues el Tren AIFA-Buenavista no solo recorrerá kilómetros, también permitirá movilizar a casi 60 mil pasajeros diarios en tan solo 43 minutos, en contraste con las hasta dos horas con 30 minutos que puede tomar el mismo trayecto en automóvil en hora pico y muchas veces movilizando solo a una persona, trazando así una línea clara entre dos formas de gobernar: una que prometía sin cumplir y otra que, iniciada en 2018 y hoy encabezada por la presidenta Sheinbaum, cumple y no pone pretextos.
En definitiva, como diputado federal y presidente de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados, me honra y me compromete ser parte de esta Transformación que hoy ya no es una promesa, sino una realidad que se traduce en obras concluidas, en resultados palpables y en una mejor calidad de vida para millones de mexicanas y mexicanos, porque cuando el servicio público se ejerce con responsabilidad y con visión social, el cambio se convierte en un orgullo compartido.
Hoy queda asentado que el rumbo nacional avanza sin titubeos, donde el Tren AIFA–Buenavista no es solo una obra sino parte de una redefinición de país con más y mejor infraestructura, programas sociales y acciones concretas que son señal clara de que el poder público volvió a servir al pueblo y que ahora se gobierna con resultados que marcan el destino histórico de una nación que decidió no volver atrás.








