Parece que fue ayer cuando se reportaron los 100 mil fallecimientos por Covid-19, de un conteo “oficial” en el que nadie cree, que ya sube a los 110 mil decesos.
El dolor, el duelo, suben como la espuma y que haya miles de enfermos diarios esparce miedo en millones de familias. La salud y la vida van en caída libre.
Esta historia que no debió ocurrir la comentó el presidente del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), Francisco Javier Acuña Llamas, en el Seminario Internacional Federalismo y Combate a la Corrupción en América Latina, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Lo dijo así: “Las cifras y el manejo de una estrategia que no parece haber habido nunca, están generando y están carcomiendo la capacidad de credibilidad de la ciudadanía en sus autoridades, para ir por donde se debe ir cuando hay urgencia para desalojar la casa”. También lamentó que «la tragedia que ha generado la pandemia y los efectos nacionales de la epidemia son hasta ahora desconocidos». Autoridad en materia de transparencia y rendición de cuentas, Francisco Javier explicó que «hay cerrazón, evasión, elusión o exclusión, por parte de un gobierno que tiene una enorme red de ventanillas ausentes del agente obligado para responder”.
La sordera del gobierno federal empezó en marzo y, desde entonces, se ha negado a reaccionar a la realidad sanitaria y económica. Lo peor quizá no sea la falta de registro real aproximado de las consecuencias de la pandemia, sino el señalamiento de que no hay estrategia, de que el país va en el vacío sin paracaídas.
Sin embargo se espera que al menos los casos de contagios no aumenten, pero porque la gente entienda y se esté cuidando para evitar ser una estadística más.












