Pese a las restricciones impuestas para las personas no inmunizadas, muchos franceses siguen resistiéndose a vacunarse contra la covid-19 y algunos recurren al mercado negro que florece en las redes sociales para procurarse certificados sanitarios falsos.
Coralie, una veinteañera que trabaja como peluquera en París, encontró en Snapchat -en apenas unos clics- un vendedor dispuesto a suministrarle este justificante falso.
Este salvoconducto, que se puede descargar en el teléfono o presentar impreso, es obligatorio en Francia para entrar en restaurantes, bares o cines, hacer viajes en trenes de larga distancia o tomar vuelos domésticos.
Lo poseen 62.8 % de los franceses ya inoculados con las dos dosis de vacuna anticovid (unas 42 millones de personas) y quienes tuvieron el virus en los últimos seis meses.
El resto debe someterse regularmente a test de diagnóstico o directamente renunciar a las actividades de ocio.
Para los vendedores, la pena es de hasta cinco años de cárcel y multa de 150 mil euros (176 mil dólares).
“Esta vacuna se hizo muy rápido”, cree Coralie. “No voy a dejar que me pongan cualquier cosa en el cuerpo. Este es mi pasaporte a la libertad”, añade.











