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De acuerdo con la Subsecretaría de Hacienda, en vía de la reforma financiera el Banco Mundial otorgó a México un fondo de 400 millones de dólares, casi 7 mil 500 millones de pesos, para apoyar a través de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero, a micro, pequeñas y medianas empresas rurales y pequeños productores agrícolas en zonas marginadas del país.

El subsecretario Fernando Aportela detalló que este recurso representa alrededor del 15 por ciento del financiamiento otorgado al sector agropecuario por todos los organismos crediticios internacionales en los últimos 15 años, que suma dos mil 800 millones de dólares.

El monto es relativamente importante comparado con el recurso anual que maneja Proagro, antes Procampo, que ronda en los 13 mil millones.

Y pese a que la agricultura también es un negocio al representar más de 60 mil millones de dólares anuales en exportaciones agroalimentarias, en lo que corresponde a nuestro país, según estimaciones de la Subsecretaría de Fomento a los Agronegocios de la Secretaría de Agricultura, sembrar, cosechar y consumir es lo que mueve la economía en millones de pequeñas comunidades y estimula los micromercados locales.

En este sentido, la firma del acuerdo que se cita al principio es una buena noticia para los pequeños emprendedores rurales a los que el Gobierno federal abre otra opción con la cual podrán contar de ahora en adelante.

Por el apoyo al agro se han pronunciado organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura al recomendar políticas diferenciadas para impulsar la producción agrícola de los pequeños campesinos. Con lo anterior las inversiones llegarían a donde se necesiten para garantizar que los agricultores puedan vender los excedentes de sus cosechas.

La Dirección de Comercio y Mercado de esa instancia internacional, ha insistido en que los pequeños agricultores deben estar más integrados en los mercados para superar escenarios acotados por falta de posibilidades.

De acuerdo con quienes conocen del tema, nuevas disposiciones deben tomar en cuenta la heterogeneidad de las familias rurales para fomentar mayores niveles de producción de los pequeños agricultores y poder vender en los mercados, por lo que con cadenas de valor inclusivas y mayor integración a la comercialización será posible que los campesinos adopten nuevas tecnologías necesarias para lograr un aumento de la productividad.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura destaca que la brecha entre los rendimientos obtenidos por los agricultores y los potenciales se estima en 76 por ciento, es decir, los agricultores producen menos de una cuarta parte de lo que podrían producir, esto en el Continente Africano, y en lo que corresponde al nuestro, en Centroamérica y el Caribe, por ejemplo, esta brecha es del 65 por ciento, es decir, los pequeños productores producen menos de un tercio de su potencial de rendimiento.

De la misma forma en que los pequeños campesinos son un grupo diverso, los mercados en los que participan también difieren en cuanto a su tamaño, ubicación geográfica, conectividad a otros mercados, relaciones de poder entre los agentes del mercado y el marco institucional. Pese a lo anterior, la agricultura a pequeña escala es la principal fuente de alimentos en los países en desarrollo, ya que aporta un 80 por ciento de lo que se consume en muchos de ellos.