Comprar en mercados: ¿justo y local?

Ulises Díaz, productor tlaxcalteca, cuenta que prefiere exportar su maíz con ayuda de la empresa Tamoa que llevarlo al mercado local. Cortesía
Ulises Díaz, productor tlaxcalteca, cuenta que prefiere exportar su maíz con ayuda de la empresa Tamoa que llevarlo al mercado local. Cortesía

Ir de compras a los tianguis sobre ruedas y los mercados del país es sinónimo de un ejercicio “justo y local”, de acuerdo con los cocineros y las campañas gubernamentales. Nos invitan a comprar los productos de temporada y sin intermediarios, pero es una regla en donde hay excepciones.

“La realidad es que estos espacios no se escapan de los ‘coyotes’. Los mercados son un punto de venta igual de agresivo que una tienda de autoservicio, es decepcionante”.

¿Cosechar por amor al arte?

Ulises Díaz, productor tlaxcalteca, cuenta que prefiere exportar su maíz con ayuda de la empresa Tamoa que llevarlo al mercado. Sabe que los vendedores al tener que pagar una renta por el local tienen que asegurar una compra a bajo costo y una remuneración conveniente. Una estrategia de venta en donde él pierde económicamente, al menos 11 pesos por kilogramo de maíz. “También pasa en frutas y hortalizas. Hemos visto lo mal que compran y lo bien que venden los comerciantes. Triplican los precios y no tenemos beneficios”, comenta.

En otro escenario, en Xochimilco, Othón Velasco, un joven de 30 años quien aprovechó la chinampa de su abuelo, vive algo semejante. Dicho terreno lo compró hace algunos años, en ella ha aprendido a cultivar de manera orgánica porque sabe que los vegetales y hortalizas deben ser nutritivos y de calidad. De primera instancia suena exitoso: dueño de la tierra, con alimentos cotidianos. La realidad es que al final de la venta y de pagarle a sus empleados, al mes le quedan mil pesos de ganancia. “¿Qué hace un joven de esa edad con ese ingreso?”, se pregunta. Aunque ponga su carretilla de víveres afuera del mercado “Xochimilco”, la competencia desleal que hay dentro del espacio comercial y el regateo, no le ayudan a tener un precio competitivo, a pesar de que la calidad de su producto sea superior.

Flavio Fernández, de Huasca de Ocampo, en Hidalgo. Su trago amargo fue con la Central de Abastos, el mercado más grande de América Latina. Llevó sus productos y jamás le pagaron. Eso ocasionó el no poder reinvertir en la siguiente cosecha.