Vanessa Garza tenía 10 meses cuando en una consulta con su pediatra se le detectó una “bolita muy dura” en un costado de su tórax. La acción inmediata fue hacerle un ultrasonido con el que se verificó que en sus dos riñones tenía tumores cancerosos.
El suyo es uno de los 12 a 15 casos de nefroblastoma que recibe al año el Hospital Infantil de México Federico Gómez. La familia Garza Rodríguez, de San Luis Potosí, tuvo que trasladarse a Monterrey. Los médicos indicaron que tampoco había cirujanos oncólogos que atendieran a la niña y les dieron dos opciones: viajar a la CDMX o a Houston.
“En caso de ir al extranjero nos advirtieron que nuestra hija podría cumplir 15 años y nosotros seguir pagando el tratamiento”, contó Juan Pablo Garza, padre de Vanessa.
El caso de la niña implicaba un reto porque ella tenía un tumor bilateral, es decir que los abscesos se encontraban en los dos riñones.
Por este motivo la pequeña recibió quimioterapia preoperatoria y después se le practicó cirugía oncológica. El proceso fue para que no tuviera secuelas y también con el objetivo de disminuir la toxicidad y complicaciones que producen los medicamentos convencionales. En este momento la niña está en un proceso de vigilancia y tiene que acudir cada seis meses al centro médico.
Con estos tratamientos, la sobrevida de los pacientes con cáncer que requieren cirugía ha pasado de 86.6% a 100% en el hospital, explicó Pablo Lezama del Valle, jefe de Cirugía Oncológica.












