Las muñecas otomíes, fuente de ingresos

Las pequeñas artesanías han llegado a las manos de muchas niñas en países tan lejanos como Milán, Italia y Estambul, Turquía.
Las pequeñas artesanías han llegado a las manos de muchas niñas en países tan lejanos como Milán, Italia y Estambul, Turquía.

Desde San Ildefonso Tultepec, un pequeño poblado de Querétaro, en el centro de la República Mexicana, se dio a conocer la imagen de la mujer otomí al mundo, con unas muñecas de tela que han llegado a las manos de muchas niñas en países tan lejanos como Turquía.

Este pueblo ubicado al sur de la entidad, acostumbrado a que las manos de las mujeres indígenas labren la tierra, es el hogar de Genoveva Pérez Pascual y sus hermanas.

Señalan que las muñecas, vestidas con faldas multicolores y blusas con bordados, la vestimenta típica de la mujer otomí, son una herencia de sus abuelas y madres, quienes confeccionaban muñecas muy sencillas para que sus hijas tuvieran alguna diversión, pero que ahora llenan de alegría y esperanza a las mujeres del pueblo.

Porque ese tiempo de trabajar el campo quedó atrás para Genoveva Pérez Pascual, quien junto con otras mujeres de la comunidad comenzaron a perfeccionar las sencillas muñecas con ayuda de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Sin dejar de mover diestramente la aguja con la que zurce la cara de sus muñecas, Pérez Pascual recuerda que fueron muchas las dificultades que tuvieron que superar para lograrlo.

Sin rendirse, el grupo de mujeres logró conformar la sociedad Casa de Madera, a la que, de acuerdo con información de la CDI, se le dio un apoyo inicial de 80 mil pesos para materiales y equipo de trabajo y desde entonces siguió el respaldo.

Esto les permitió no solo mejorar sus muñecas, que como dice Genoveva Pérez, antes “la tela la hacíamos como una tortilla enrollada, las manos, el cuerpo”, sino también revalorar y reconocer la riqueza de su cultura indígena.

Orgullosa de lucir su tradicional vestimenta, describe el sentido del multicolor: “andamos bien coloridas, porque aquí entre más colorida es una más bonita; bueno aquí es la costumbre así”.

La hermana de Genoveva, María de los Ángeles Pérez Pascual, apunta que desde 2005 la CDI los ha apoyado con muchas capacitaciones de género, de derechos a los indígenas; “hemos ido a varias capacitaciones al estado”, dijo.

“Nos han enseñado en las capacitaciones como administrar nuestro material, el dinero que se gana de las ventas de las muñecas o de los productos que hacemos, invertirle y también ocuparlo para nuestra familia y para nuestro hogar”, añadió.

Por lo que ahora no tienen más tiempo que para sus muñecas, se levantan y acuestan diariamente cosiendo para cumplir con sus pedidos y venderlas a 295 pesos y aún más dependiendo de los bordados, cuando “antes una muñeca de 15 pesos no se vendía”, recuerda.

Por eso, “nuestras muñecas salen bien contentas, porque pues todo el día estamos aquí risa y risa, porque si nosotras hiciéramos nuestro trabajo enojadas entonces también se refleja, entonces nuestras muñecas salen como estamos nosotras”.

Pero no solo elaboran muñecas sino que tienen una amplia oferta de productos como fundas para cojines, monederos y trajes típicos, entre otras.

“También hacemos en telar de cintura, tejidos” que utilizan para las fajas y otras prendas, así como bordados que van de los más sencillos en estambre hasta creaciones en lino, apunta otra de las hermanas, Juana Pérez Pascual.