Bebida de dioses, mujeres y hombres valientes, el mezcal es el orgullo y sustento de Santiago Matatlán, “la capital mundial del mezcal”, donde la técnica artesanal de su elaboración mantiene vivo el sabor del cielo y el infierno.
“Antes, los dioses tenían fiesta, pero no tenían qué tomar, ni qué fumar; no podían platicar porque no tenían luz, ni fuego. Mientras, en la casa de los demonios se escuchaba ruido, había baile, fiesta y gritos.
Entonces, “los dioses se preguntaron cómo podrían hacer para tener aquello que les llamaba la atención de la casa de los demonios. En los días primeros, el tlacuache fue a la fiesta de los diablos (Cui´iXña´a) y le dieron mezcal y cigarros.
“El tlacuache se los echó a la bolsa y cuando la sintió llena, dijo —Ya me voy porque me siento borracho-; tropezó y tropezó por toda la casa hasta que llegó a donde estaba el fuego y se cayó en la lumbre.












