El matrimonio, más que una simple relación íntima entre un hombre y una mujer, es una verdadera vocación donde se realiza la propia vida y el propio destino, aseguró el cardenal Norberto Rivera Carrera.
En su homilía dominical destacó la importancia y el valor que guarda el matrimonio para la formación de la familia, pero en particular la necesidad de dejar entrar a Jesús para que al igual que en las bodas de Caná, convierta esta unión.
“Si en Caná el agua se transforma en vino exquisito, en los hogares donde se da cabida a Jesús se experimenta el poder de su presencia que transforma todas las realidades de la familia”.
Advirtió que ahora sucede lo mismo que en Caná de Galilea, ya que la pareja que comenzó con entusiasmo una vida matrimonial vive un proceso similar al del vino, que es símbolo de esta alegría y entusiasmo.
Sin embargo, “al pasar los días y años este vino se acaba y los sentimientos humanos precisamente por ser humanos se van deteriorando y se llega al cansancio”.
Además, continuó, a los invitados de aquella boda, que especialmente son los hijos, no hay nada que ofrecerles a no ser la frialdad de las relaciones y quizás la amargura.
Rivera Cerrera reiteró su llamado a dejar entrar a Jesús al matrimonio, pues él puede convertir la rutina y la simpleza del agua en vino exquisito.











