Ante todos los pastores de este país latinoamericano, reunidos en la Catedral de la Ciudad de México, el pontífice pronunció un largo discurso en el cual les señaló muchos defectos y tareas pendientes, entre ellas la deuda con los indígenas mexicanos.
Llamó a los obispos a tener una mirada capaz de reflejar la ternura de Dios, una “mirada limpia, de alma trasparente y de rostro luminoso”. Y apuntó: “no tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”.
“Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras, ni por los acuerdos debajo de la mesa”, insistió.
Ante más de 150 obispos de la República Mexicana, el pontífice los exhortó a no dejarse arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias, y los invitó a formar a los futuros sacerdotes en ese estilo.A los obispos también les indicó seguir a los migrantes y acompañarlos como una de sus prioridades, ante tantas familias que se dividen.
“Solo mirando a la ‘Morenita' (la virgen de Guadalupe), México se comprende por completo. Por tanto, los invito a comprender que la misión que la Iglesia les confía requiere esta mirada que abarque la totalidad. Y esto no puede realizarse aisladamente, sino solo en comunión”, apuntó.


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