Cierra sus enjutos ojos para elevar una oración. Se encomienda a Dios, pues no tiene a nadie quién la ayude. Las cuencas de sus ojos están secas de tanto llorar su soledad. Aunque se casó nunca pudo tener hijos. Y ahora más que nunca siente el terrible peso de los 84 años de edad, con múltiples enfermedades, pero sin nada de dinero para curarse.
El pequeño cuarto de tres por tres metros luce congestionado y desordenado. Sobre la estufa hay cerros de trastos sucios. La ropa revuelta sobre la cama.
La mujer se apena. “Es que estoy enferma desde hace días. No puedo hacer mi quehacer. Y acabo de cambiarme de casa”, dice.
Ella es Adelita Castillo. Oriunda de Ixhuatán, Chiapas, pero radicada en Tuxtla Gutiérrez desde hace 40 años.
Y aunque de joven fue maestra de tejido y repostería en el DIF de su municipio, de eso solo queda el recuerdo.
Hasta hace poco costuraba para ganarse la vida. Pero sus débiles manos perdieron fuerza y habilidad. Sus temblorosos pies se han fatigado de tanto caminar por las calles de la capital en busca de botes (PET) y aluminio para vender.
Sobre la cabecera de su cama, donde yace acostada con mucha fiebre, está un costal de plástico con unas 20 botellas de plástico. En el piesero, otra bolsa con botes de aluminio.
La máquina de coser de pedal metálico, solo sirve ahora como buró.
Enfermedad
Y Adelita tiembla. Tiene fiebre. También el clima fresco contribuye. Pero sin duda es más fuerte el frío de la soledad.
El hombre que juró amarla se fue con otra. La dejó en total desamparo hace tres décadas.
Lo poco que Adelita recibe del apoyo gubernamental no le alcanza ni siquiera para pagar la renta del cuartucho donde sobrevive.
Por eso depende de la caridad de la gente.
El año pasado, un grupo de mujeres piadosas la visitaba, le llevaban ayuda. Pero Adelita se cambió de casa, orillada por el hostigamiento de su vecina envidiosa (vive en una vecindad).
Molesta al ver que la ayudaban, la vecina cerraba la puerta de entrada, le robaba sus despensas a la anciana, y ella decidió salirse.
Pero con la mudanza perdió el apoyo que recibía. Ahora, regresó al mismo lugar, a la avenida 1º de Mayo número 952, entre las calles 12 de Octubre y Santa María de la colonia Bienestar Social.
Por eso cierra los ojos y ora. Le pide a Dios que la ayude a sanar, porque no puede ni levantarse para ir a la clínica. También le pide que gente de buen corazón lea esta nota y la visiten llevándole un poco de ayuda.
Segura de que su oración será escuchada, abre los ojos, abre su corazón y agradece a Dios y a los potenciales benefactores. Solo falta que los que pueden ayudar, abran su corazón, sus ojos y sus manos.
para ayudar
Avenida 1º de Mayo número 952, entre las calles 12 de Octubre y Santa María de la colonia Bienestar Social












