“Miren las cámaras”, sugiere la señorita a los policías. Y cuando éstos van al comercio aledaño, la empresaria se ríe. “No sirve esta cosa, es nada más para taparle el ojo al macho”, dice. Un par de jóvenes estudiantes de Medicina, perdieron algunas cosas de valor. Un hombre abrió su auto estacionado mientras comían.
“Qué bueno que bajé mi mochila. Como que lo presentí”, dice la señorita a su compañero. Ambos estudian la carrera de Medicina Humana.
El joven Raúl “N” tiene un Volkswagen Sedan de modelo atrasado, en el cual va y viene de casa a la escuela y viceversa.
A veces le da un “aventón” a sus compañeros. Ahora le tocó la “suerte” a Verónica “N”.
Tras salir de clases, fueron a comprar unos libros a la 2ª Norte, entre 1ª y 2ª Poniente. Muy caros por cierto, comentaron.
Tenían hambre, así que fueron a una cocina económica que está a la vuelta.
“Dejamos el vochito sobre la 3ª Norte. Vimos a un hombre parado cerca. Lo saludamos amablemente. Se veía decente, así que no sospechamos”, dijo la futura doctora.
Al salir, se llevaron la sorpresa. El Vochito estaba abierto. El ladrón no forzó la chapa de la portezuela.
Se llevó la batería que estaba bajo el sillón trasero, el uniforme nuevo del joven, su mochila con los libros caros y una computadora portátil.
Una bolsa negra que contenía la tablet de la jovencita, quedó en el piso del coche. El facineroso creyó que era algo sin valor y la aventó.
“Qué bueno que no se llevó tu Vochito, amigo”, consoló la joven a su compañero. “Pero si mi lap top vale más que mi carro”, dijo triste el futuro galeno.
Los jóvenes suponen que el hombre al cual saludaron fue el ladrón, el cual huyó en algún taxi.
Para poder mover su auto, Raúl tuvo que prestar una batería. Se fueron sorprendidos de que en poco tiempo y en pleno Centro de Tuxtla Gutiérrez, de día, hayan sufrido este robo.












