Tres mujeres de pueblos originarios que se han dedicado a producir y dirigir películas o documentales, coincidieron en la necesidad de que sus trabajos no sólo se presenten en salas de cine o las pantallas, sino que regresen a las comunidades, ya que les pertenecen también.
Las tsotsiles María Sojob y Ana Ts’uyeb, originarias del municipio de Chenalhó, así como Florencia Gómez Sántiz de Oxchuc, convinieron también en que por su condición de mujeres e indígenas en un contexto de machismo y racismo, no les ha sido fácil narrar las historias de sus pueblos.
Las tres participaron en el conversatorio “Miradas convergentes: El cine en tseltal y tsotsil”, un espacio dedicado a reflexionar sobre la evolución de la cinematografía y la narrativa audiovisual desde la perspectiva de los pueblos originarios, organizado por el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (Celali), bajo la moderación de su directora, María de la Flor Gómez Cruz, quien destacó que con su trabajo “las compañeras han iniciado un caminar desde los pueblos originarios y esta ha tenido un eco y voz en Chiapas, a nivel nacional e internacional”.
Género
Añadió que “la primera etiqueta de su trabajo es que es cine indígena y luego que son mujeres las que lo hacen”, al tiempo de señalar que “el tema de género está muy presente en los trabajos, en los que se cuenta la visibilización y la participación, la voz de mujeres que tienen una vivencia propia en las comunidades.
María, uno de cuyos documentales se titula “Toté-Abuelo”, señaló que “aprender desde la raíz ha sido importante para que las películas vayan adquiriendo chulel (alma, espíritu). Lo que me ha pasado es que inicié haciendo estas películas sin saber lo que era, pues eran para dejar un registro, una memoria visual y ya después trascendieron a una sala de cine. Las historias me buscan a través de los sueños, no yo a ellas”.
Es un proceso
Continúo: “estoy en un proceso de reflexión sobre cómo construir la historia y que conecte con la gente de la comunidad, que la puedan ver las personas de fuera, pero que la gente de la comunidad se sienta identificada, no sólo porque está en tsotsil.
Subrayó que “poder llevar el cine a la comunidad ha sido lo más satisfactorio y bonito, tener el reconocimiento de la gente que dice ‘ellos graban y hacen esto’. Que sepan que llevamos a otras partes las historias, pero las regresamos y aquí se quedan, son de ellos, con el pleno conocimiento de que las imágenes van a salir y a viajar por acuerdo de la comunidad. Lo que sigue es que el cine llegue a las comunidades e inspire a otras niñas, sobre todo a ellas porque se les limita mucho”.
Postura
Aseguró que “lo que me sostiene frente a un sistema cinematográfico violento, machista, elitista y que etiqueta a nuestro cine, es el valor emocional; porque quiero contar esta historia y porque soy la indicada para contarla”.
Florencia, que grabó el documental “Tres días, tres años”, dijo a su vez que “escribir en nuestras lenguas es un reto e implica un doble trabajo”.












