“Ya nos dieron instrucciones de reforzar la seguridad”, dice un guardia del Museo del Templo Mayor del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sin ofrecer más detalles al respecto. En la entrada hay al menos tres policías que llevan a cabo el filtro de seguridad, revisan las pertenencias de los visitantes que van a formarse para comprar su boleto y los pasan a través de un detector de metal.
En el techo del acceso, la explanada donde se ubican las maquetas, es distinto, puesto que su paso es transitable. Aunque ya se considera reforzar la seguridad, continúa el guardia, es necesario entender que las condiciones de Teotihuacán son muy distintas a las de un recinto como el Templo Mayor. Otro guardia, al que se le preguntó por el estado de la seguridad, dijo no tener ningún tipo de información y se negó a responder.
Mientras que, en el sitio arqueológico de Monte Albán, en Oaxaca, elementos de la Guardia Nacional reforzaron la seguridad. Los integrantes de este cuerpo de seguridad realizaron la revisión de las mochilas y maletas de los turistas que ingresaban al lugar. El Universal intentó una entrevista con David Andrade, responsable de esta zona arqueológica, pero no hubo respuesta.
Diagnóstico advirtió crisis
El ataque de Julio César Jasso Ramírez a turistas en la Pirámide de la Luna en Teotihuacán abrió, otra vez, el tema de la falta de elementos de seguridad para resguardar los museos, sitios y zonas arqueológicas a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La falta de seguridad para recintos museísticos y culturales no es tema aislado, sino una constante en la historia reciente del INAH, especialmente durante la gestión de Diego Prieto, ya que incluso se intentó recortar el número de custodios en varias zonas y museos.
En 2024, año destacado para el INAH por un presupuesto que llegó a los 8 mil millones de pesos, la dirección del Instituto ordenó en julio la reducción del 50 % del personal de la Policía Auxiliar de CDMX, institución encargada de resguardar algunos de los recintos más importantes, como el Museo Nacional de Antropología y la zona arqueológica del Templo Mayor.
Tras filtrarse la información, Prieto negó el recorte y ese año la seguridad en 21 museos, recintos y zonas de CDMX y el área metropolitana se mantuvo con el mismo número de guardias: 555 en total.
Casi un año después, el 3 de junio de 2025, el Museo Nacional de Antropología ganó el Premio Princesa de Asturias en medio de una crisis por el cambio en los contratos de la Policía Auxiliar de CDMX a empresas privadas. En ese momento, trabajadores sindicalizados de distintos recintos indicaron a la dirección del INAH. “No podemos garantizar la seguridad de los visitantes y el patrimonio”, de acuerdo con testimonios recogidos por esta casa editorial.
Un hecho que pronto se presentaría
La gravedad de ese cambio fue la reducción drástica de custodios para vigilar museos y zonas arqueológicas, además de la falta de experiencia de la empresa que ganó la licitación.
Tras de la presión mediática porque Antropología estaba cerrado el mismo día que se anunció que ganó el Princesa de Asturias, el tema llegó a la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien dijo que los museos públicos tienen la orientación de contratar para su seguridad a elementos del Servicio de Protección Federal.
Un día después, los museos afectados abrieron con la presencia de la Policía Auxiliar de CDMX. En el último trimestre de 2024, investigadores del INAH se dieron a la tarea de elaborar un diagnóstico de la situación del INAH y un Memorial de agravios, documentos que ya advertían de la crisis de seguridad que se vive día a día en las zonas arqueológicas y museos del Instituto.
La preocupación en ese momento, y en casi toda la historia del INAH, ha sido la seguridad del patrimonio, derivado de los constantes robos y saqueos de bienes arqueológicos, pero desde entonces ya se hablaba sobre la integridad de los visitantes.
La página 81 del diagnóstico dice: “Un punto que ha afectado especialmente la labor, más aún en los estados, son las condiciones de inseguridad a las que se han visto sometidos los trabajadores y que incluyen: asaltos y robos, así como ataques físicos. Las amenazas y extorsiones son comunes, al punto que algunos empleados han tenido que ser removidos de sus centros de adscripción para evitar el pago de extorsiones y proteger su seguridad personal”.
Bolfy Cottom, investigador y exsecretario técnico del INAH, hace énfasis en el tema y dice que se había advertido ya de la falta de seguridad para personal y, por primera vez, para los visitantes. “Riesgo por crimen organizado o común en adyacencia a zonas arqueológicas para visitantes y trabajadores”, se lee en el Memorial en un apartado que enumera faltas de seguridad.
El caso de Teotihuacán ilustra la falta de recursos que enfrenta el INAH desde las medidas de austeridad republicana implementadas por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.












