¿Hay un tiempo verbal mejor que otros para contar historias?, ¿hay una manera de convertir un libro de cuentos en una novela?, ¿es posible afinar el perfil del personaje una vez creado y exigirle que se muestre más vivo? Esas y otras preguntas se plantea Martín Solares (Tampico, 1970) en su libro de ensayos El fantasma de las novelas y otros métodos instantáneos de análisis literario (Ediciones Era).
Esta obra es resultado de 25 años del trabajo de Solares como tallerista y editor, y es un intento de entender cómo funciona una ficción: “Reuní aquí una serie de ensayos a propósito de la naturaleza de las de las ficciones. Es un intento por averiguar cómo es la naturaleza de la ficción literaria desde distintos ángulos. Traté de abordar las preguntas que a los escritores de ficciones nos quitan el sueño”.
Doce años después de su volumen de ensayos Cómo dibujar una novela, Solares entrega en este nuevo texto en el que trató de condensar impresiones que tenía sobre la naturaleza de las ficciones y las formas que ha tomado la novela. “La novela en Estados Unidos en el siglo XX fue la más influyente de todo el mundo, después de la francesa y la rusa en el siglo XIX, y yo me pregunté, ¿cuántas estructuras, cuántos tipos de casa inventó la novela norteamericana, desde Herman Melville con Moby Dick hasta Toni Morrison y Cormac McCarthy”, añade.
Secretos del oficio
El autor asegura que este libro está lleno de métodos que ha ido perfilando a partir de la lectura, la escritura y de tallerear y editar obras de decenas de escritores.
“Yo aquí tengo métodos para elegir el título de un libro, para discernir cuál es el mejor tiempo verbal para contar una historia. Y también uno muy especial que consiste en reflexionar sobre la importancia que tienen las palabras en la literatura. Inventé el método ‘Había una vez’, donde digo que primero, el reto de todos los escritores es encontrar una manera personal de inventar y de decir con tus propias palabras ‘Había una vez’, esa es la mayor misión que se puede proponer y lograr en la vida un escritor; su otra gran misión en la vida es provocar una pregunta en la mente del lector en cada página: ‘¿Y ahora qué va a pasar?’. Si logras inventar esa manera de comenzar y esa manera de proseguir, solo que te falta una manera genial de terminar, que ya abordé en ‘Cómo dibujar una novela’ cuando traté de analizar todos los tipos de finales literarios que había”, afirma.
Su meta fue alejarse del ensayo muy serio y de especialistas; quería que fuera una conversación y allí le importaba mucho que al abrir el libro el lector sintiera que estaba platicando con un fantasma o con una voz que no se sabía de dónde venía, y que desapareciera el ensayista y solo estuviera presente la literatura para descifrar cómo está construida la naturaleza de ciertas ficciones de grandes escritores.
Porque si en algo abundan los 16 ensayos de esta obra de 131 páginas, es que fuera divertido, y que, a partir de anécdotas y algunas teorías, los lectores se pregunten, resuelvan y encuentren nuevas maneras de manejar el misterio en las novelas y en los cuentos, pero también que aquellos que aman la literatura y quizá en algún momento piensen en escribir, sepan cómo funciona la literatura, contada desde ensayos que podrían tacharse de extraños.
“El ensayo tiene que ver con la posibilidad de proponer una idea atípica, insólita de ser posible en muy pocas líneas porque hay que respetar el tiempo del lector. Dice Hugo Hiriart que la única obligación del ensayo es no aburrir. Yo diría que por supuesto así deber ser, y para eso tienes que buscar cada una de tus palabras y tratar tus ensayos como si fueran también ficciones. Es decir, que cada una de tus líneas sea interesante, asombrosa, que rasguñe al lector, que le deja algún tipo de cicatriz afortunada, que por lo mismo sea emocionante y e inolvidable y responda a un magnetismo secreto”, detalla.
Allí Solares parte de que todos los cuentos y las novelas, incluso cada palabra de cada novela responde a un tipo de magnetismo: “Digamos que todas las novelas tienen un centro secreto que es como el centro del imán que atrae a todas las palabras que son necesarias para crear esa novela. Si fuerzas ese magnetismo tu novela se cae, se rompe, se pierde el imán, pero si trabajas para ese magnetismo, el lector va a atravesar toda esa zona y no se dará cuenta de que terminó la novela, pero habrá sentido muy fuerte esa atracción y esa fascinación y ese descubrimiento o la sensación de que algo nuevo le está ocurriendo, a través de las vidas de los personajes”.












