“No me digas cabrón, porque me duermo”. Esa peregrina advertencia le hizo un tipo a otro. Preguntó el otro: “¿Cómo está eso?”. Explicó el tipo: “Cuando era niño de brazos mi mamá me decía: ‘Duérmase, cabrón’. Y me entraba el sueño”. (Reflejo condicionado de Pavlov: Firuláis-campana-saliva). Aquellos antropófagos eran vegetarianos: sólo se comían las palmas de las manos, las plantas de los pies, la manzana de Adán y la flora intestinal. “Quiero casarme con su hija” -le dijo el novio de Glafira a don Poseidón, papá de la muchacha. El genitor dudaba de la capacidad económica del pretendiente, de modo que lo interrogó: “¿Tiene usted dónde ponerla?”. “No, señor -respondió el solicitante-. Precisamente por eso quiero casarme”. (No le entendí). “Merece el bien de la Patria”. Dicha sonora expresión se aplicaba a quien había realizado alguna acción heroica acompañada por una frase célebre, o a alguien cuya vida pública -y en lo posible la privada- había sido ejemplar. Desde hace muchos años, sobre todo en los últimos, no se han podido usar esas patrióticas palabras. La ejemplaridad y el heroísmo están ausentes de la vida nacional, y las frases que en nuestro tiempo hemos oído -“Me canso ganso”; “Lo que diga mi dedito”; “Abrazos, no balazos”; “Y no me vengan con el cuento de que la ley es la ley”- están muy lejos de merecer el honor de ser inscritas en bronce eterno o mármol duradero, y ni siquiera en plastilina verde. No obstante los señalamientos anteriores sé de una institución que ciertamente merece el bien de la Patria y nuestro agradecimiento. Hablo de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, asociación de ciudadanos que está cumpliendo 10 años de luchar contra esas dos lacras de la vida nacional que tantos y tan graves daños han causado y siguen causando a nuestro país. Gracias a las investigaciones de esa agrupación apartidista hemos conocido tremendas ilegalidades como la Estafa Maestra, el fraude en Segalmex, el caso del huachicol fiscal y otras acciones delictuosas con las cuales han medrado algunos delincuentes con perjuicio para la Nación. La mejor prueba de la exitosa labor de Mexicanos Contra la Corrupción es que López Obrador la atacó más de 300 veces en el curso de sus comparecencias mañaneras. Ahora lo sabemos: el régimen de AMLO ha sido uno de los más corruptos -e impunes- en la moderna historia mexicana. Desde aquí envío un aplauso, tributado con ambas manos para mayor efecto, a quienes forman parte de MCCI, piedra en el zapato de los políticos inmorales y esperanzadora muestra de la capacidad de los ciudadanos para oponerse al poder mal ejercido. Picio era una un hombre monumentalmente feo. A su lado Quasimodo era un Paul Newman o un Alain Delon. No obstante su extremada fealdad el tal Picio no estaba consciente de ella. Una noche le propuso a Susiflor, hermosa chica: “Vamos a mi departamento. Haremos el amor y luego comeremos pizza”. Con gran elocuencia respondió Susiflor: “No”. Le preguntó, extrañado, Picio: “¿No te gusta la pizza?”. En la mesa del Restaurante Joddo -porciones mínimas y cuentas máximas- un maduro comensal les dijo a sus compañeros, presuntuoso: “Me disculpan, Voy a ver a mi chiquita”. Un mesero que oyó eso le indicó: “Al fondo a la derecha, caballero”. Llegó a su casa don Acisclo después de la jornada de trabajo. Lo recibió su esposa vestida con vaporoso negligé de encaje negro, brassiére de media copa, medias de malla con liguero, pantaleta crotchless y zapatos rojos de tacón aguja. La mujer se puso de rodillas frente a su marido. Le dijo éste con tono de disgusto: “Ay, Turpina. ¿Otra vez chocaste el coche?”. FIN.
Mirador
Por Armando Fuentes Aguirre.
Variaciones opus 33 sobre el tema de Don Juan.
El caballero sevillano es amigo de la muerte.
Mil veces la ha mirado cara a cara, y no le teme. Desdeña a los predicadores que desde el púlpito hablan del juicio de Dios, de la condenación eterna que aguarda al pecador, del llanto y el crujir de dientes. Son hombres malos, piensa el hidalgo, que espantan a sus feligreses para luego venderles consuelo y esperanza.
Don Juan no tiene miedo de morir. ¿Acaso tuvo miedo de vivir? Confía en que la muerte le llegará en su cama. Ahí muchas veces le llegó la vida. En su sillón frailero medita sobre el misterio de la existencia humana. ¡Pobre Don Juan! Después de haber vivido ahora sólo le queda filosofar.
La tarde va muriendo lentamente, silenciosamente, resignadamente.
La tarde, piensa Don Juan, es su retrato.
¡Hasta mañana!...
Manganitas
Por AFA.
“. La 4T producirá medicamentos.”.
La noticia que se cita
anuncia otro nuevo chasco.
Lleve cada caja o frasco
alguna calaverita.








